"Sería mejor que las cosas mismas estuvieran en nuestra cabeza para tocarlas, en vez de los pensamientos, sobre los cuales lucubramos infinitamente." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma, de Herta Müller]


13 feb. 2020

194. Eres carta náutica

[Female nude in shadow, by Ladislav Postupa -1929-]






Y a mí me gustaría ser refugio, entrante en la costa, algo escarpado pero con arena suficiente para escribir unos largos, en noches de sol o días de luna...

11 ene. 2020

193. Colapso

[by Matt Wisniewski]
Tengo esa sensación. La de los lunes, incluso la de los días que le siguen; es más, la misma de aquellos que perdieron su denominación específica. La sensación de algo olvidado, pero solo a medias: masa informe, de bordes raspados y heridos, que se arremolina entorno a mí y juega, marea, espesa. ¿Espesa? La bruma del recuerdo, sí, agarrada fuerte a los tobillos, coagulada a presión. No repara en esta locura, en lo enfermizo que resulta para mí su frenético orbitar. Y me encapucho, el frío es odioso, me rebienta a esquirlas la cabeza. No me deja encontrar el cabo, no atino a verlo. Las gafas no son, no jodas, las eché en la ortopedia, entre el baratillo de prótesis y cadáveres. Es el frío, y los muros derruidos aquí arriba, y tanta revuelta. Estoy paralizada por la sensación. Qué cara es esa, te lo he dicho justo empezar. Es igual, ahórrate las disculpas, no das para más tampoco.

24 oct. 2019

192. Fotografía de prensa


Mi vida toca a su fin. Creo haber gastado la cuota de amaneceres que nos regalan al nacer. Que cómo lo sé. He visto a las hormigas. Me las ha mandado Dios para que me ayuden con la mudanza. También andan por aquí Harriet y Mona, las enfermeras. Yo sola no podría.

Hace años que los recuerdos empezaron a nublarse, confundidos por entre la niebla de las tormentas. Hace más años aún que los fantasmas dejaron de visitarme. No me reconocían, yo a ellos tampoco. Tan estirados y engreídos como fueron en vida. Y yo tan ajena a sus caprichos, tan torcida siempre de carácter, con esa pose de no esperar nada bueno de nadie. Como aquella vez en la que unos señores de luto nos congelaron a todos juntos en una suerte de familia. ¡Menuda maldición!

[Russell Schweickart, piloto del módulo lunar del Apolo IX, y su familia -febrero de 1969-]


 Aquel retrato terminó por echar raíces en una esquina del tocador de mamá. Y lo veneramos como una reliquia. Al sentirnos perdidos o cuando el viento nos zarandeaba más de la cuenta, acudíamos a él para buscarnos. En mi caso, me hacía bien acodarme y parar el mundo mientras mis hermanos crecían y crecían.

Ahora meto la mano en el bolsillo de la bata y salimos tan arrugados como el papel fotográfico. Mis dedos se agarran con fuerza a la memoria. Que qué fue de ellos. Mona pregunta, entrometida como es. «El señor de la cámara les robó el alma». Ya lo he dicho. Pero ni las hormigas se fían de lo que sale por mi boca. No las culpo. En unas pocas horas, al cerrar los ojos definitivamente, me extinguiré como todos ellos. Y mi familia no habrá sido nunca.



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