"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


23 may. 2018

169. E s t i r a m i e n t o s

[de  internet]


Él le ha prometido el don de sus manos, el portentoso compás de un agarrado nostálgico. Y le ha ofrecido rincones de swing, en cada glorieta, en cada loseta de mármol que pisa.

Destellos dorados insertan entre su melena anhelos de antaño que ella, hechicera, perfuma en largas noches de verano.

Y así, estirando, los ojos quietos tras el recuerdo que los párpados encierran de él, la piel se eriza, inflamada en latidos.


3 may. 2018

168. Paráfrasis

[de  ge  minúscula]

Me quedé leyendo en la cuna de mis antepasados, acentuando comas y puntuando tildes, mientras las abejas con escamas revoloteaban tras las ramas, en un ocaso crispado de añil. Algunos viejos intuían en mí a su bastón o su toquilla, mas mi figura sedente con libro entreabierto no se avenía a ninguno de sus propósitos. Y la fe, la suya, la única en este rincón, se cansó bien pronto de creer en lo que no podía ser.

Y en el silencio del rincón, envuelto entre el rumor de los árboles, se filtró el griterío  inconfundible de unas letras mal avenidas.
—¡Mis lágrimas no salen del mar!
—¡Será por eso que no les importa que te bañes en él!

Y en la escena, una e, crispada cual equino desbocado, y mi eme frente a ella, derrotada toda su  mayúscula presencia ante las coces de semejante vocal. Busqué en vano un socorro literario pero la ge y la o que viajan conmigo, se lo miraban de lejos, a la sombra de no pocas lápidas sin dueño.
—¡Alborotos de plagio nunca llegaron al cielo!
Fue mi lacónica interrupción. Sí, esa fue.

Por su parte, la e apostó su grafía y destensó la escritura. Cuando le sonreí y la punta de mi lápiz rozó su terminación, mi fiel ge minúscula la cogió del brazo para contarle por la orillita del río nuestro caminar errante…


15 abr. 2018

167. De domingo

[A stranger to everyone 2, de Victoria Ivanova]

El cielo, y su curvatura rotundamente azur. Uniforme, prístina. Asfixiante. Un par de personajes anclados en el sofá rutilante y rutinario de una relación. La mujer lee, y cierra el libro. Escribe, y abandona lo dicho. Piensa. Cierra los ojos y piensa. No deja de pensar, de darle vueltas. A un pasado que ocupa su presente continuo y se mezcla con el del hombre sentado a su lado, aunque de mala gana y con desidia. Porque el pasado lo puede todo. Y el hombre, inconsciente, memoriza las seis variantes principales de la defensa escandinava; pero se rinde entre las soñolientas jugadas del rey negro. La mujer contempla las tablas del hombre, lo describe en tinta verde. No sabe hasta qué punto esta partida es la suya también. Bosteza. El libro la sujeta. Celeste curva, sin pensamiento que valga.



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