"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


17 feb. 2018

161. Por lo que yo vivo

[Elizabeth Taylor y Richard Burton]

para salirme con la mía
contigo y (sólo) contigo
leyéndote a pareados o
bailando en tus brazos cada paso de ocho

para tus cortes de pelo y
tus greñas manillares
para tus barbas de una semana o
del abuelo que no eres

para admirar en tus ojos
mares azules y letras de libros
para beber de tus labios
sorbos cafeína y corrientes alternas

por lo que yo vivo
por seguir a tu lado
por oirte latir bajo mi piel


1 feb. 2018

160. Retratos

Mañana se cumplen seis años. Y M no puede decir que fuera ayer, no, no puede, porque no es verdad. Ayer ella llovió, volvió a vestirse de estío y llegó incluso a cultivar algo cercano al amor. Pero lo que sí puede decir es que sigue guardando la mano de su padre entre la suya, en aquel frío hospital, como en el día que se cumple mañana. Que le sigue contando estupideces para escuchar su carcajada franca. Y que le echa de menos. También. Eso también puede decirlo.

Pero todo se lo calla, M no suelta prenda. Continua sin abrir lo más preciado a los demás. Como ese otro día, el que fuera domingo, al poco de conocerse padre e hija. Cuando la muñeca lo era todo para él, y la madre retrataba lo más preciado que tuvo nunca. Y M, de cría, se aferra a la mano de su padre, lo quiere entero para ella. Que no le falte, que la quiera siempre así.
M se fija, ata cabos. Descubre que ella repitió con su padre lo mismo que él hizo de primeras.
Darle la mano.
Y por eso confía, confía en él.
Todavía.

[del archivo familiar de M]



27 ene. 2018

159. El otro sueño




[encontrada en el blog Mundos propios, de Joan Ramon Santasusana]


Cuando desperté, me rodeaban mi padre, mi madre, mi suegro, mi suegra, Luisín, Elenita, Andrés y Matilde. 
–Te habías dormido –me dijo Andrés. 
–Pues sí. Y soñé mucho –repuse.
–¿Qué soñaste?
Entonces comprendí dónde me encontraba.
–Que estaba vivo –contesté, al fin.



[microrrelato de José María Merino, publicado en El libro de las horas contadas -2011-]

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