"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


7 sept. 2019

186. Far West

[Monument Valley, by Raymond Depardon -1982-]


Caminos largos, tortuosos, llenos de zarzas.
Por si las espinas clavadas que llevas por dentro no fueran suficientes,
o ese miedo ahondando en la llaga.

Mas hoy, sin venir a cuento, un claro en el bosque.
Lo más ansiado de este mundo por aparecer en un recodo.
Alguien se molestó en dejar libre la esperanza.




1 sept. 2019

185. Abonar(se)

[de  internet]



La Penélope de turno abandona el tejido del libro. Su alicaída espectadora refracta la luz en un intento por sonrosarse y parecer así la más preciosa y exquisita de las flores.

La mujer la contempla a ciencia cierta. Y prospera en ella la sospecha de que sólo el peor de los brebajes les permitirá llegar al final sin arrancarse los pétalos ni las vestiduras. ¡Qué rancia es la vida para las hijas de una antigua historia!

La flor, ensimismada en lo suyo, echada a perder tras el cristal emplomado, asiste a la urbanidad desde su cuadro de ventana, respirando fosforescencias. Sabe que el trago amargo viene pronto, rociado sobre su tierra. Y que la embriagará de otros aromas. Sin embargo, como ayer, no se opondrá.

La Penélope de turno también beberá lo suyo antes de regresar al paño encuadernado. A la contienda con el tiempo.


26 ago. 2019

184. En el ocaso

[Venice by night, de Per Valentin]

Papá se ha ido. No ha soportado un día más en este nido vacío. Que Beatrice y yo le acompañáramos hasta el ocaso no le ha bastado. Papá se ha ido como primero se fue Davide, con la enloquecida sensación de la derrota agazapada tras su heroísmo maldito, prevenidos ambos por las cenizas de los que nos abandonaron antes.
Si tuviera a dónde escapar, como mi padre y mi hermano queridos, no dudes de mi decisión de huir. La niña tendría así su remedio. Pero entonces… ¿qué sería de los que seguimos con el corazón en alto, qué sería de nosotros, de los supervivientes? Desperdigados a los cuatro vientos, solo aspiraríamos a niebla y polvo.
Por esa razón, Beatrice y yo cuidaremos del nido vacío, y velaremos a los muertos. Los vecinos lo hacen, nosotras no íbamos a ser diferentes.




No todo el dolor se lleva por dentro. Alguno llega a surcar las miradas o a mezclarse malintencionado con nuestras palabras. No debería extrañarnos: somos criaturas narradoras, buscamos una escapatoria, un final alternativo, a sabiendas incluso de que no siempre lo hay.
Penzo acalló su duelo complaciendo a los dioses.






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