"Sería mejor que las cosas mismas estuvieran en nuestra cabeza para tocarlas, en vez de los pensamientos, sobre los cuales lucubramos infinitamente." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma, de Herta Müller]


11 ene. 2020

193. Colapso

[by Matt Wisniewski]
Tengo esa sensación. La de los lunes, incluso la de los días que le siguen; es más, la misma de aquellos que perdieron su denominación específica. La sensación de algo olvidado, pero solo a medias: masa informe, de bordes raspados y heridos, que se arremolina entorno a mí y juega, marea, espesa. ¿Espesa? La bruma del recuerdo, sí, agarrada fuerte a los tobillos, coagulada a presión. No repara en esta locura, en lo enfermizo que resulta para mí su frenético orbitar. Y me encapucho, el frío es odioso, me rebienta a esquirlas la cabeza. No me deja encontrar el cabo, no atino a verlo. Las gafas no son, no jodas, las eché en la ortopedia, entre el baratillo de prótesis y cadáveres. Es el frío, y los muros derruidos aquí arriba, y tanta revuelta. Estoy paralizada por la sensación. Qué cara es esa, te lo he dicho justo empezar. Es igual, ahórrate las disculpas, no das para más tampoco.

24 oct. 2019

192. Fotografía de prensa


Mi vida toca a su fin. Creo haber gastado la cuota de amaneceres que nos regalan al nacer. Que cómo lo sé. He visto a las hormigas. Me las ha mandado Dios para que me ayuden con la mudanza. También andan por aquí Harriet y Mona, las enfermeras. Yo sola no podría.

Hace años que los recuerdos empezaron a nublarse, confundidos por entre la niebla de las tormentas. Hace más años aún que los fantasmas dejaron de visitarme. No me reconocían, yo a ellos tampoco. Tan estirados y engreídos como fueron en vida. Y yo tan ajena a sus caprichos, tan torcida siempre de carácter, con esa pose de no esperar nada bueno de nadie. Como aquella vez en la que unos señores de luto nos congelaron a todos juntos en una suerte de familia. ¡Menuda maldición!

[Russell Schweickart, piloto del módulo lunar del Apolo IX, y su familia -febrero de 1969-]


 Aquel retrato terminó por echar raíces en una esquina del tocador de mamá. Y lo veneramos como una reliquia. Al sentirnos perdidos o cuando el viento nos zarandeaba más de la cuenta, acudíamos a él para buscarnos. En mi caso, me hacía bien acodarme y parar el mundo mientras mis hermanos crecían y crecían.

Ahora meto la mano en el bolsillo de la bata y salimos tan arrugados como el papel fotográfico. Mis dedos se agarran con fuerza a la memoria. Que qué fue de ellos. Mona pregunta, entrometida como es. «El señor de la cámara les robó el alma». Ya lo he dicho. Pero ni las hormigas se fían de lo que sale por mi boca. No las culpo. En unas pocas horas, al cerrar los ojos definitivamente, me extinguiré como todos ellos. Y mi familia no habrá sido nunca.



16 oct. 2019

191. Presagio de más


[The Drunkenness of Noah, from the corner of the Palazzo Ducale, Venice, by Simon Marsden]


Te encontraré rayo. En el estrépito de un deseo que no acaba nunca de formularse. O en la sonora mueca de unos labios sin dueño. Te encontraré, sí, a pesar de tu naturaleza a regañadientes, de la impetuosa energía que hace que viajes en el revés doloroso y cruel de un azul que poco tiene de celestial. Y daré contigo para revelarte mi verbo, la misantropía arrepentida de este súbdito tuyo, nacido sin agallas y quizás condenado —no lo he averiguado aún— a vagar sin tino por un mapa indescifrable de irracional egoísmo...




La fotografía, apenas un cuadrado, con las puntas roídas por el desespero inclemente del tiempo. La letra, nerviosa, frágil, aquejada por meandros sin retorno y por cimas nubladas de espanto. Únicas ambas en esta colección de epístolas, puede que llegaran a la caja en un arrebato de furia o tras el declive meditado de un adiós.
Penzo garabateó las iniciales D.V.D.








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