"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


12 nov. 2016

152. Gracia auxiliar



[de Alain Laboile]

“Cada uno de nosotros se presenta como un ser colectivo cuyos innumerables elementos se reagrupan constantemente, se renuevan o mueren, se ayudan entre sí y se contradicen alternativamente. En un mundo tan rico y tan móvil en el que casi nunca un instante explica el instante que sigue, el altruismo no es cosa sencilla: pues ¿a quién se dirige? Es seguro, por lo demás, que en el fondo de todo impulso hacia el prójimo se mueve una profunda inquietud de nosotros mismos, si no es una secreta desesperación de soportarnos. Pero esto, creo, no disminuye en absoluto este impulso, que por ello se vuelve, al contrario, más humano. ¡Piénselo! Nos abandonamos a nosotros mismos, para acercarnos a ese otro desconocido que, a su manera, también huye de sí mismo; y uno espera vagamente comprender al otro al que sólo se ve desde fuera, porque es ese ser distinto de quien no conocemos todas las dificultades (y porque, quizá, nos ayudará a llegar a cierta comprensión de nosotros mismos). El otro nunca es otra cosa que un rodeo hacia nosotros. Ya es mucho si de esa calamidad de soportarse a sí mismo nace la necesidad de socorrer a los demás, en vez de atormentarles (como, por ejemplo, hacía Tolstoi).”



[fragmento de una carta de Rainer Maria Rilke a Antoinette de Bonstetten, fechada el 12 de abril de 1924, sábado, en Château de Muzot-sur-Sierre, Valais, Suiza]

24 sept. 2016

151. Stand by

[de  internet]



Entre viento y viento,
un descanso
un sosiego
una calma

Para sentir el dorado amanecer
la suave risa de la lluvia
el eterno fulgor de la luna





. . . . . . .


Con el nuevo soplar
se agita el sentimiento
se cierran los ojos
se duerme el dolor

La brisa nos trae el recuerdo
y los pasos a dúo
las letras del abrazo
el aroma de un saber vivir
la alegría de sus manos entre las mías

29 ago. 2016

150. Precipitosa


[The Capitol, Washington, de Cartier-Bresson -1957-]

Ante nosotros, la historia. Vivita y coleando. De antaño, es cierto, pero precipitándose como nadie en nuestro presente continuo. Nos llena la vista de fantasmas y se queda igual; a lo mejor cree que sabremos ocuparnos de ellos cuando, en el fondo, es bien sabido que se cansaron de ser mareados como perdices hace mucho. Me gusta sentir como el aire los traspasa y penetra después en nosotros, con el gesto victorioso de quien logra su objetivo sin ensuciarse las manos. Y con los pulmones llenos de escombros, te miro y el leve murmullo de tu mano en la mía consigue arrancar la mejor de las declaraciones: Si no vengo por aquí, me pongo nervioso. Ladeados ambos, en este apartado grupo de poseídos con poco arte, me haces viajar a la cima del mundo. ¡Qué digo a la cima!, aún más alto. Al cielo, a la atmósfera, al espacio negro e infinito donde nada somos. Porque en esa nada hacemos buena pareja.



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