"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


30 oct. 2012

07. La palabra

[de internet]

sale de la pluma
como el conejo del sombrero de un mago
astronauta que se sabe sola y sin peso
suspendida en una línea
en el espacio




“La palabra”, poema de Manuel Ulacia publicado en El río y la piedra

26 oct. 2012

06. enKapotado

[de internet]

resaKa, de un océano rimado de palabras, que ya no sana lo suficiente
resaKa, que busca desahogo en otro diluvio, desde el piso más alto de esta cárcel de cuento

soy el mástil que aguanta la veleta de tu bufanda
soy el pararrayos que ondea su figura ante la descarga, reclamándola para sí

la lluvia torrencial moja más de la cuenta, camufla mis lágrimas
la lluvia condensa la espesura que me nubla y entela el damero perfecto de calles y plazas visible desde aquí arriba

pero sólo el rayo posee la fuerza para hacerme temblar, para enjuagar mi propio abecedario en los charcos luminosos que supuran de las aceras

resaka, en la que unos labios desconocidos ponen música gótica al oscuro paisaje que entreveo citando tu memoria

20 oct. 2012

05. Lux aeterna

Conocí una vez las arrugas curtidas de un marinero. Rasgaba sus ojos al hacerse realidad sus más sinceras sonrisas. Y en esas líneas varé mis miradas, soñando envejecer en lagunas templadas. Mas cegada quedé sola, suspirando recuerdos, viéndole partir sin más…

[ge minúscula]

Miro hacia lo alto y resuenan sus palabras.
Nunca supo hablar como los demás, ni tampoco vivir.
Es como si al hacerlo dejara libres a cientos de libélulas para que revolotearan hacia el infinito en busca quién sabe si de sabiduría o solamente de un gesto cómplice y benevolente.
Puntos de luz sus versos aunque ni ella misma supiera que los componía, más allá de la fascinación que despertaba en nosotros el sonido de tan bellas letras conjuntadas en un alarde instantáneo de lucidez.
Y al oírla hablar de aquel marinero me venían a la mente sus cabellos enredados en perlas de sal, sin conocerlo, sin saber si realmente existió.
No importaba, para ella había sido así y aquello era lo más transcendental de todo. Vislumbrando entre los rayos de sol los vaivenes del navío, su rostro insinuado entre las caricias del otro, y el bronceado latir de sus sonrisas.
Eco sumergido en la propia luz de este mar, de piedras y plegarias, que se eleva orgulloso ajeno a los sueños que nos duermen el alma.

14 oct. 2012

04. Como si ya no estuvieras

Cuando intuyen que vas a morir, que tu futuro próximo pasa por cerrar los ojos definitivamente, los médicos te cambian de habitación, no quieren que des mal ejemplo al resto de moribundos.
De semejante privilegio tú ya no eres consciente, la sedación hace las veces de antesala mortuoria y sólo los que te acompañan en el último suspiro agradecen la deferencia.
Lo bueno sería no llegar nunca a ese cuarto individual, a ese muelle donde Caronte te aguarda comiendo pipas de girasol.

[ge minúscula]

Como si el postrero suspiro fuera un disparo de salida, la nieve despidió al espíritu mientras M cerraba en su mano la de su padre.
Esperaba notar el instante definitivo pero no fue así. Miró por la ventana, sintió el frío caer en miles de copos y al girarse hacia él, comprobó que su pecho ya no se movía.
La noche anterior, el enfermero la estuvo consolando con fórmulas amables, con un leve tono de esperanza. Entonces ella se propuso no ceder al sueño para vigilar la frágil respiración del paciente. Mas desconoce a qué hora sucumbió al cansancio acumulado. Sólo sabe que, al amanecer de aquel día de febrero, el llanto grumoso que sufría la ciudad le reveló lo predecible.

La mano del padre seguía en la de M, caliente.
Le pudo haber avisado pero cree que no fue así.
Al final, ella le falló. Estuvo con él, es evidente, pero se perdió su despedida.
Alguien bienintencionado podría aventurar que el ya difunto había dejado este mundo días atrás, favorecido por la medicación extrema suministrada. De hecho llevaba sin abrir los ojos casi diez días, si exceptuamos los espasmos autómatas que de vez en cuando le sacudían y le forzaban los párpados en un ejercicio completamente inútil y masoquista.

M, a pesar de su florida imaginación, no pudo recrear el desenlace de su padre de una forma tan íntima y silenciosa. Tan propia.
M le besó en la mejilla carente de color y se recostó un instante a su lado.
A fuera la nieve caía.


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6 oct. 2012

03. Espejito, espejito

[Eva Rubinstein]


si te das la vuelta
entre los pliegues del recuerdo,
en el reposo del lecho,
su esencia sigue viva
latente

no ha ido lejos
sólo lo suficiente
para echarla de menos
y ansiarla mucho más


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