"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


29 nov. 2012

14. Motas negras en fila india

Toc, toc,… toc, toc,…
Papá, ¿qué haces?
Matar hormigas.
Aquí no hay hormigas.
Bueno.

[Tengo una fila de hormigas, de |avier]
  
El padre de M mataba hormigas con el bastón. Balanceaba verticalmente su arma de madera y repicaba el suelo ahuyentando el polvo del camino. Sentado en el banco del parque, asomaba los ojos en parapente, sobre el terreno, para contemplar la matanza y, aunque su expresión era siempre la misma, al recostarse de nuevo, lo sabías satisfecho. Al cabo de un rato, al recordar tan ínfimos paseantes, volvía a sacudir la tierra.

El padre de M también mataba hormigas en casa del médico. Allá sus golpes entretenían al resto de pacientes e irritaban los nervios de M, a partes iguales. Ella le hablaba de los vecinos que vivían en el piso de abajo y él se reía como un niño, provocando en el corazón de M una extraña nostalgia. Como si hubieran vuelto a jugar juntos después de los años.

Toc, toc,… toc, toc,…
Papá, ¿qué haces?
Matar hormigas.








El padre de M mataba hormigas que sólo él sabía que existían.


25 nov. 2012

13. En un recodo sembrado de lluvia

[de internet]

Nunca sé en qué cama voy a pasar la noche. Si voy a dormir o a conocer el amor. O si la lluvia empapará mis pasos sobre el fondo de un desierto de mar. Tal vez el faquir de los sueños, con sus baratijas y ese olor a incienso y chamusquina, aplique candela a la medusa y yo pueda pasar la eternidad de un reloj de arena escribiendo palabras que sólo tú engarzarás de nácar. La novela de mis ojos cerrados será entonces mi vida junto a ti, o por lo menos, la prosa poética que nos recuerde cuando hayamos fundido, al cabo de los días, con el horizonte eléctrico de un atardecer de tormenta.

Nunca sé en qué cama voy a pasar la noche. Si acertaré con el pijama de flores que enraíza campos silvestres mientras duermo o con el cielo estrellado de bombillas que chispean en el cielo, aún por oscurecer, de mis retinas doradas.
Pero los dragones, como decía el poeta, seguirán buscando pastos de damas y, entre ellas, yo giraré la cabeza para verlos venir. Y, si no es para bien, sucumbiré a sus encantos fieros sabiendo que yo lo decidí así. El rosa marchito de mis labios pronunciará tu nombre y sobreviviré, unas horas más, entre las sábanas.



21 nov. 2012

12. A escote

[ge minúscula]

Espai entre els pits i la brusa,
penya-segat de marbre de l’escot,
congost incandescent!, i la mirada:
els falcons dels ulls llançats a pic
vertiginosament cap als castells
dels cims dels dos turons tan bells:
ah, fer-hi guàrdia tota la nit,
elevar-ne les torres fins al crit,
morir-hi de goig a l’alba...




Fragmento de Escuma i turbulència, de David Jou

16 nov. 2012

11. Ilusiones

[China, de Josef Hoflehner]

Un mundo al revés, o tan sólo encerrado en una pompa de jabón. Recluido en la niebla, en el tiempo de las amapolas, y en aquella media luna que mece las tinieblas.
Un mundo a las puertas milenarias del recuerdo y no de la verdad, pues las pupilas inventan incesantemente el fragor de los días. Y aunque, llegados hasta aquí, parece sensato sincerarse, los espejismos amenazan con ensuciar las caligrafías orientales que penden del hilo dorado de nuestra terca y frágil voluntad.

Adelanto el rumbo de los acontecimientos y, sin perder pie en este agua, cruzo el puente de mi destino repetidas veces para convencerme a mí misma que sin ti todo vuelve a ser posible otra vez. Que visualizando las flores que bordean el abismo, también la aldaba de bronce pesa menos.

No hay ni cielo, ni sol.
No queda más margen de maniobra que la línea recta.
Se acabaron los rodeos gigantescos del pasado, y las horas germinadas a tu lado.
Renace el deseo. La razón pernocta en la casa vacía de un molusco.

12 nov. 2012

10. Sirenas

[de internet]

Me acerqué con un ligero tono carmín sobre los labios. Quería probar el sabor de los tuyos. Saber si la otra noche, en el puerto, fuiste tú quién degustara la sal de mis besos.
Pero nada pasó como esperaba.
Otra mujer se aferraba al delirio de tu hombría, otros ojos me desafiaban desde el fondo de tu alma. Y me fui con mi cola de pez a otra parte.

8 nov. 2012

09. De otro decorado

[Rosas blancas, por Igor]

Tiro de negro, malva, morado. De mucho rojo. Demasiado. Y también de algún gris y verde. Pero de blanco sólo si me equivoco. Y aquí no cuentan las perlas.
El blanco me recuerda a la lencería de la abuela, a las mortajas antiguas.
El blanco me deslumbra, me deja sin qué decir. Como ahora mismo el ramo de rosas silvestres que algún desconsiderado colocó junto al piano. Me cuesta digerir su belleza natural.

Si esto fuera un cuadro, las flores serían el punto de fuga perfecto, romperían la línea clásica de toda la composición. Pero no estoy dentro del marco. Formo parte del paisaje evocador de tu madurez, como el buen vino y los paseos en moto las noches de verano. Recreo con meridiana precisión las nobles pero pobres criaturas femeninas de la época victoriana que tanto amaste en los libros. Y si hubiera conocido su magnetismo y cómo te gusta descolocarme, habría venido pertrechada con el catálogo completo de mis dulces e irresistibles encantos.
A otro le bastaría con mi piel de alabastro pero contigo la complicación de impone. Así que el minimalista atuendo de la sala donde tú me inventas y yo hago que te sigo, obsesionada por el blanco acusador, se completa con mi vestido violeta y diez puntas de rubí que caracolean lo plateado de tu testa.

3 nov. 2012

08. Alas emborronadas

[de internet]

A la zaga del tren, ahí sigo.
Entreteniendo mis horas entre letras desordenadas, cartas desparejadas y estruendos en el firmamento. Entre rosas algo marchitas y la brisa incendiaria de algunos dragones.
¡Qué lejos estás y, a la vez, qué cerca te tengo!
Vagabundo que aparece y desaparece en la estela del café recién hecho, revolviendo cordura entre el azúcar refinado. Sondrina te nombra al servir el zumo en vaso largo, obturando el diafragma de su cámara al son que más le brilla.
Y al recuperar tu sonido, las flores me inundan la mirada, los cerezos me cobijan y el punto japonés baña de rojo la pasión desparramada por el papel de carta.
Abrigarme la esperanza con el rasgueo de tu pluma y soñar que volveré a dónde lo dejé, al lugar dónde me aguardan tantas vidas ejemplares, y que tú has dado forma al leerlas en voz alta.
Late fuerte el reloj de cuerda, nunca dejó de hacerlo aunque yo dejara de oírlo. Y por ello la razón de mis desvaríos te pertenece, de loco a loco.

Las mariposas me indican cómo llegar hasta ti, subidas al ritmo frenético de mi cuaderno de dibujo. Te prometo su color.
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