"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


6 jul. 2013

55. Pescadora de perlas


[de  internet]


anclada,
con los pies enraizados en las rocas de esta playa,
esperando tormentas y mareas

guardando en un suspiro
la brisa de su nombre,
el viento de su risa,
el mar de su mirada

24 comentarios:

  1. El mar en su extensión, por su gran magnitud, puede separar realidades, pero también, en su aparente infinitud, acerca y nos conecta con nuestras emociones. Hermosa entrada. Un beso

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    1. El mar contiene todo lo que esta pescadora es, tanto la belleza de las perlas como la prueba viva de una espera

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  2. Yo... desenraizándome de todo... es curioso...

    Besos

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    1. Es hermosa en sí misma, me ha sido imposible encontrar su autor.

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  4. Roca y aire, contrastes que dan fuerza a la poesía.

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    1. Fuerza que ella contrapone a la fluidez de las olas, en las que cada día se sumerje

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  5. Un mar de esperanzas..qué gozada esperar que traiga algo la marea...

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    1. Cierto Miguel, siempre me cautivó reseguir las ondas de la resaca... por descubrir a sus náufragos

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  6. Esta playa puede ser el lugar más seguro donde custodiar y conservar jadeos y gemidos, el vendaval de su apodo o la infinidad de su cuidado y ojeadas...

    un abrazo

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    1. La playa es el cofre, donde las perlas de amor se guardan una a una

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  7. Un precioso paisaje has vuelto a pintar. Un paisaje que imagino diurno, con el ajetreo de la vida engullendo a esa mujer que espera. Que espera tanto y tan pacientemente, que cae sobre ella la noche de los tiempos. Y sigue con los pies en el agua. El agua de un mar que ya no tiene olas. Bajo una noche estrellada y sin luna… por eso ya no hay mareas.

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    1. Su vida es eso, zambullirse en las olas y conseguir traer en su cesta las más bellas perlas... en el fondo, busca otra cosa, quizá un corazón... perdido ante la luna nueva, una noche de estrellas

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  8. Yo todo lo que sea anclarse a un mar... me apunto

    Besos abisales

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  9. El acantilado irá detrás de ti, serás su mascaron de proa, se sumergirá contigo en las profundidades de la búsqueda de esas pocas perlas, que se guardan cerca del tiempo, que nos deja la vida.

    En un susurro.

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    1. Si fuera así, si el acantilado desapareciera tras su estela salada, se perdería el paisaje... como en aquellas bolas de nieve que agitamos y todo se cubre de algo nuevo...

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    2. Las rocas de ese acantilado, desearían zambulllirse detrás de las racices de tu ancla, las estrellas lucharían por convertiste en perlas brillantes en tu mano, todo siempre seria nuevo en al volver de tu viaje al fondo del mar.
      Descubrirían contigo, la ciudad de las sirenas, la morada de Poseidón, las Pléyades en toda su extensión, la cara oculta de la luna.
      Que acantilado no evitaría, que las raíces de tu ancla le abandonasen, someterse al riesgo de olvidar tu primer respirar después de cada una de tus inmersiones, como no te va acompañar el acantilado, milenios mirando al cielo, ahora que ha descubierto tu reflejo.
      Proa al siento.

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    3. Acantilado, milenios rompiendo el mar, agasajando de quebradizas perlas saladas el embate del viento sobre su piel. Asomada, en la cornisa, con las piernas colgadas sobre el ocaso del día, queriendo que el tiempo se multiplique y no nos deje caer en el silencio, así permanezco siempre a tu lado, desde que te vi.

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  10. en este momento siento algo parecido... así que gracias por poner en palabras, ese noséquémepasaperoalgomepasa...

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    1. Gracias a ti, bella de ojos marrones, por compartir el sentimiento ese que nos tiene presas.

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  11. “El mar es siempre aterrador, aún más aterrador debe ser para esas pobres mujeres que, en busca de perlas, tienen que sumergirse en el abismo para ganarse la vida. Uno se pregunta qué les sucedería si la cuerda que ciñe su cintura se rompiera. Yo puedo imaginarme a hombres haciendo esta clase de trabajo que requiere un valor extraordinario en el caso de una mujer. Después que la mujer ha descendido, los hombres se quedan tranquilamente en los botes, entonando largas canciones, sin perder de vista la cuerda que flota en la superficie. La escena es asombrosa, porque no parece importarles nada el peligro que corre la mujer. Cuando quiere salir, la mujer tira de la cuerda y los hombres la izan fuera del agua con una rapidez que entiendo muy bien. Casi enseguida ella está aferrada a l borde del bote, respirando jadeante. Esta vista es suficiente para que el espectador sienta esto como una experiencia propia. Me cuesta imaginar que alguien pueda desear este trabajo.”


    En “El libro de la almohada”, de Sei Shonagon, dama de la corte de la emperatriz Sadako (Japón, siglo X)

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  12. Guardar, guardar, guardar... Siempre guardamos. Y esperamos. Me pregunto qué. Por qué. Por qué en el mar. Por qué el mar. ¿Qué tienen esas olas? ¿Acaso la sal no escuece cuando entra?

    Guardar... Y seguimos esperando. Quizá que nos guarden.

    Una imagen preciosa.

    ;)

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    1. El mar tiene que vuelve, que regresa a cada embate del agua y casi siempre con algo entre las olas.
      También el mar guarda tesoros por resolver, como nosotros.
      Y espera, y permanece, también como nosotros.

      No sé lo demás, pero a mi me gustaría que me guardaran.

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