"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


30 ene. 2013

26. Locura pasajera


[de  internet]


Me cortaría la cabeza. Pero resulta poco menos que imposible.
La rebanaría a ras de los hombros, de un corte seco. O por lo menos lo intentaría.
A continuación, escarbando un poco en el orificio, pelaría las terminaciones nerviosas que fueran, momentos antes, de las cervicales. Y una vez completada la extirpación, reposaría el resto de mi cuerpo, cercenado pero curado ya de su mal, en cualquier silla o butacón pues es bien sabido que, guillotinada la fuente de todas las preocupaciones, el alivio es tan grande y reparador que todo lo demás carece de importancia.

Sin embargo, mi deseo es en vano. No es posible luchar uno mismo contra su cabeza, hacerla desaparecer. Estoy obligada a sufrir indefectiblemente sus inquietantes y dolorosos estragos. Incluso la oscuridad ha empezado a rehuirme.
Mas la fe no me abandona y sé, que de una forma o de otra, lograré mi propósito. La migraña no puede salirse con la suya. Merece un castigo ejemplar.

De ahí mi acecho constante.
Disfruto sabiendo que me tiene miedo, mucho miedo.



25 ene. 2013

25. Arena de ampolleta




[Reloj de arena II, de Ana Castro Feijoo]


Bendito tu reloj de arena,
¡bendito digo, sí!

Sagrado, único de su clase,
Santo grial, que conserva,
el agua de la vida.
Que sólo exige, para cumplir su función,
que alguien tenga un motivo
para darle la vuelta.

Que te ha encontrado a ti,
que lo has llenado
de algo más que de arena.

A ti, que eres tormenta del desierto,
que has puesto en Él, cobardía,
indecisión, soberbia,
una margarita venenosa,
muchos tesoros, algunas bagatelas,
labios…
y un “No, no puedo”.

A ti, que deseas
dejar de darle la vuelta.

¡Bendito digo, sí!
Ese reloj de arena,
depositario de tu historia.

Pero más benditas tus letras,
mucho más sagradas...
porque conservan
tu presente y tu futuro.

Benditas sean... ¡sí!
Porque nunca encerrarán tu alma.


[poema regalo de Prosetica]


20 ene. 2013

24. Alguien (rêverie)



[de  internet]

en mi imaginación,
ese alguien se convierte
en privilegiado espectador
de mi cuerpo,
de mi salvaje lujuria,
de mis ganas irrefrenables por entregarme a él

y me ofrezco,
y le gozo,
y me hace sentir viva


15 ene. 2013

23. De permiso

[Cary Grant y Suzy Parker, durante el rodaje de “Kiss them for me”, 1957]

Leo cartas de amor en los libros y me resultan vergonzosamente cursis. Los amantes se ansían desesperados, se repiten sentimientos de fervorosa entrega y ¡me suenan tan egoístas! Quizá por ello me resisto a decirte lo que, intuyo, tú ya sabes; lo que mi comportamiento ante ti explica tan a las claras. ¿O el único ciego de este mundo serás tú?

Yo también leo entre líneas: en las vetas ambarinas de tus ojos, cuando buscan el mar calmo reflejado en los míos; en los instantes ausentes que sólo tú y yo habitamos, al rodearnos parientes y amigos; en las rimas absurdas que inventas para tentar mi risa desprevenida.
¡Va todo tan deprisa! Y a la vez, ¡los segundos se toman tan en serio su recorrido!
Despiertas y, aún sin intuir el día, viertes un beso en mi mano, que intrépido salta a mi corriente sanguínea y altera la conciencia de tu existencia.
Florece igual la vida en tus labios y en ese instante reanuda su giro nuestro pequeño y particular mundo.

Cuando reúna coraje y desvergüenza te entregaré mis diarios, todas estas sartas de alusiones directas a tu persona. Quizá consiga librarte de mí para siempre aunque puede que atienda tu legítima voluntad de no perderme en absoluto.
Pero para eso faltan meses y también algunos años, o tal vez no tanto.


10 ene. 2013

22. Desde el aire

[ge minúscula]

Te echo de menos.
Y te lo digo a ti porque no tengo a nadie más a quién decírselo; porque es cierto y porque no sé cómo ponerle remedio.
Pero lo más doloroso del caso es que lo siento mucho, siento que te hayas ido sin saber la razón, sin poder explicarte qué paso, qué provocó tu marcha tan repentina.
No he sido capaz de salvarte, de traerte de vuelta.
Esta vez no.
El destino me ganó esa partida desde el primer momento.
Hubiese querido que me vieras, que fueras consciente de que, llegado el final, no te había abandonado y que te seguía queriendo a toda costa.
Ahora nos quedamos solos, cada uno por su lado y a disgusto con este arreglo.
La muerte ya no tiene remedio.
Y no dejo de echarte de menos.




Encontró la carta junto a las otras, en una caja de latón, y también el retrato del aviador.
La medalla y las estrellas estaban envueltas en un pañuelo con sus iniciales, camufladas bajo el papel ajado.
Penzo falleció en 1928, a finales de septiembre.



5 ene. 2013

21. El placer de tu negro sabor

[Juliette Binoche, escena de “Chocolat”, 2000]

Un cuadrado oscuro de chocolate
tiene para los dientes
el mismo efecto sensual
que el lodo en los pies traviesos de la niñez.
En la lengua, la densa materia oscura
suelta saliva en rojos cauces.
El chocolate se disuelve en dulce espeso fango
cuando lentamente se acarician los bordes
hasta que la tableta en la cavidad cálida
suelta aromas recuerdos y flores
en las distendidas papilas.
Ríos de chocolate
atraviesan encías y resquicios dentales
y el placer –que uno sabe fugaz-
da sus vueltas atrapado en la boca.
Devoro chocolate ahora que no te tengo
para, lícitamente y sin culpas,
abandonarme al erotismo.

Comiendo chocolate pienso en tu piel a mordiscos
pienso en tus piernas
tus pies
pienso en los manjares suculentos
de la vida.



Placer del chocolate, de Gioconda Belli


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