"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


28 mar. 2013

37. Dos sílabas


[de Maurice Tabard]

Me ha parecido que he soñado toda la vida con esas caricias, bajo el crepitar acalorado de tu abrazo sobre el mío.
Me ha parecido que esas dos sílabas enraizaban perfumes orientales entre mis rizos alocados, estando todavía por la almohada, sin querer despertar del letargo nocturno y violeta del sueño.
Oigo todo aquello que me dices con una intensidad renovada, como si tu voz fuera lo que siempre había estado esperando.
Y aunque sé que me confundes, que desparramas sobre mí sensaciones que no me pertenecen por entero, pretendo asirte a mi pecho y mirarte a los ojos en todos esos extraños que se cruzan ante mi sombra, a la caza de una leve sonrisa.
Sagrado tintero el que da color al pincel de tus dedos pues encierra toda la magia de los verbos, sin todavía saber si soy mentira o verde y cristalina ilusión.

Despojado de esa piel que creías tuya, me ha parecido intuir los tatuajes de mis lecturas, rayando el decoro más intenso. Letras y signos que configuran el paisaje por el que navegas sin freno y en el que consigo perderme de tu mano, sin pensar demasiado. Recreo para mis sentidos, nuevamente, el son de tus susurros.



23 mar. 2013

36. 47 grados norte



[de internet]

Por las tardes, los astrónomos se cuelan en mi vida, entre los resquicios empáticos que pongo a trabajar cuando visito el mostrador. Se piensan que no me doy cuenta, que pasan desapercibidos, pero tienen un brillo tan intenso en el intelecto que cualquiera, acercándose, nota el peso de las fórmulas equilibrando la balanza giratoria de los números.


18 mar. 2013

35. Harem azul


[Tulipanes en el harem del Palacio Topkapi, de ge minúscula]

En el harem de esta fortaleza de ensueño soy tu favorita. Despojo los velos y bailo la seda de mi piel, contoneando las caderas, ofreciéndote la semilla del tulipán prendido en mis labios carnosos.
Y dejo de soñar. No puedo soñar y estar junto a ti a la vez… el tiempo se desvanece en este jardín, anudada a tus brazos.



13 mar. 2013

34. Crepúsculo todavía



Las mariposas buscan otro jardín.
Las nubes rojizas desfilan ante el horizonte ondulante que oscurece la montaña.
Se secó la tormenta.
Y allá en lo alto lucen un par de estelas, deshilachadas, rayando el poco cielo redondo que surge del largavistas.

Todo cambia, nada se oye. O quizá únicamente la campanada remota del Olimpo, o el crujir pausado del bambú.
Cuando llamen para la cena dejaré esta parte del mundo a merced de la noche, como ayer y como antes de ayer.
Y redactaré crucigramas en la sopa de letras, a la luz de las velas, delante de algunos antepasados con capa y poco lustre.
Me quedaré a dormir con ellos, y los criados arroparan los pies de mi cama sobre leones alados.
Y en el cuento, olvidaré ser princesa. Un monstruo desdentado jugará al mahjong conmigo, sobre el tramposo reflejo del espejo, mientras las carpas aletean sus pestañas en el estanque brumoso que no es.



Y de la quimera, el alba me traerá de vuelta, abriré los ojos, y una música reescribirá las páginas del día.

[de  internet]

8 mar. 2013

33. Secreto de mujer


[de  internet]

A cierta hora del día
ciertos días
la noción de ser hembra
emerge como espuma
y sube hacia los contornos de mi cuerpo.

Plexo solar, muslos, brazos
se esponjan de una sensualidad
que va mucho mas allá del sexo.
El regocijo interno,
el perfecto balance de alma y cuerpo
me pone en un aire de águila y paloma
desde el que se me otorga percibir
la exacta redondez y tersura de las cosas.
Desde los tobillos
un efluvio circular asciende a los sentidos
como si habitada por el antiguo poder de lo femenino
dejara de ser yo material y limitada
para transmutarme en el ala del ave
que, tensando los músculos,
vuela íngrima y absorta hacia el sol.
¿Quién dijo que soy débil?
¿Quién se atrevió a compadecerme?
En esos momentos
del impúdico goce de saber qué soy
pienso que debería, por decoro, taparme el rostro
el brillo sostenido, directo, de los ojos
para que ni los hombres,
ni los animales domésticos del vecindario
intuyendo mi olor a pájara o semilla germinada
salieran en pos de mí
queriendo poseer la esencia de mi fuerza.
Como toda mujer que se precia de serlo,
cierro con un candado de llaves imposibles
la secreta noción de mi poder
y aparezco ante los demás
sin delatarme.




Secreto de mujer, de Gioconda Belli


3 mar. 2013

32. Minutos finales


[ge minúscula]

En mi casa hay un reloj de cuerda, el único que mata su tiempo pensando si la voluntad de mis horas será devolverle, o no, el pulso.
Viejo, mutilado,… antigua furia. Andrómina palpable en las noches transitadas con desvelo.
Dudo que sepa de mis parones, le dan lo mismo. Aprendió a ser egoísta.



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