"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


28 abr. 2013

43. Vanidosa




[Salon Noir, de Anja Millen]



En un avatar de sueños incontrolados, soy esa meretriz ofrecida al mundo, que suplica el silencio de la fricción, mientras sus ojos se abren al abismo azul de un único anhelo… volver a mirarse en el espejo y pasar por alto el retrato de la noche pasada.


23 abr. 2013

42. Salpicando libros



[de internet]


De regreso a la librería, emerge del pergamino la fragancia de aquellas poetas prostitutas chinas que, en la hora de la aurora boreal, recreaban el lenguaje secreto del jin-shei bajo laluna en los pinos.

El alienista que daba clases a la maestra de piano habría sospechado algo más en el equipaje, a parte del río y la piedra. Quizá las once mil vergas o algo de música. Sin embargo, sólo un retrato de Eugenio Oneguin queriéndome decir “nunca me abandones” resumía sin aderezos el cuadro de Hopper en el que yo, robot perfeccionaba el origami para un día de lluvia junto a Marilyn y JFK.

Londres es de cartón, ya lo sabes, y no hay un tranvía en SP que deje cerca del club Lovecraft, me susurraste desde el marco de tus letras.




Divertimento literario, donde cada palabra subida de color lleva a un libro, de esos que me quitan el dolor de cabeza y espolean la imaginación. Por aquello del 23 de abril.


18 abr. 2013

41. Cuadrante norte


[Arthur Elgort]



Las imágenes de tu cuerpo y el mío se suceden, forman parte de la misma historia.
Susurras sentencias que voy leyendo sobreimpresionadas en mi cabeza, y mis manos recorren el camino que me lleva a ti una y otra vez.
“Tu cuerpo me dura”, esa es tu divisa, la que ondea en la tierra de tus versos, haciéndome afortunada de tu suerte.
Mi cuerpo –su recuerdo y no otro- ha sabido grabarte el deseo bajo la piel. Y cuando te llega su perfume algo inconfesable late torturando tu sentido común. Ese algo repasa lo que mis dedos melosos acariciaron un día, sigue la misma ruta, se detiene en los mismos abismos.
Extiende el mapa emocional sobre tu geografía y desafía mi trazo original.

En la distancia, tu mapa y el mío confabulan un universo íntimo en el que tus manos son mi mayor delito y el vicio por saborear mis crestas rosadas hace pronunciar a tus labios un sincero “me extasías”.
La excitación que altera las venas, que las hincha con el leve gesto de un aliento entrecortado, empuja a la mano a gobernar el sentido.
Y ambos imaginamos el mapa del otro, devoramos sendas recitando lascivia a lametazos y, apasionadamente, entregamos al infierno segundos inmortales de saliva, sudor y espesa melaza.


12 abr. 2013

40.




no me deja asistir a sus recuerdos,
ni bucear entre las imágenes en super8

todo lo pasado se lo guarda para ella,
no lo desea para mí,
ni siquiera una pequeña parte

le da miedo dejarme sola
a mí me aterra dejarla marchar



7 abr. 2013

39. A mediados de octubre



[Italian girl, de un turista andaluz]

Girasoles mirando la luna y mareas gigantescas de sol. El universo plagado de contradicciones y yo tergiversando lo que me parece más increíble.
Leer no me ayuda pero me incitas a ello haciendo poemas de color café.
Meriendo asonantes y recorto segundos de puro bizcocho sin parar de buscar tu enfado de los martes en este parsimonioso domingo.
Nos enfurruñamos pero por poco.
Yo vuelvo a soñar en azul de Prusia y tú exprimes tinta de calamar a cada renglón de esta historia.
Hasta cuando quiera el cartero, apostillas, y garabateas el sello del centenario, el primero en timbrar besos y abrazos al final de cada misiva.


2 abr. 2013

38. Mansa lucidez


[Guidecca Canal, de Jamie Bosworth]

Por mucho miedo que tengamos hay veces en que el valor se sobrepone a todo y dispara, sin evaluar sus consecuencias. Y entonces, esas veces son mágicas, inmortales. Como la palabra dicha al oído, imborrable para la piel y el sentimiento.
En nuestro caso, la falacia de ese valor retoma su distancia a diez pasos de ti. El duelo se enmascara de niebla y vuelvo a bogar desprevenida en el profundo mar de tus ojos.
Impacientas el paraíso.





Las manos tiemblan al guardar la carta. La mirada dibuja una caligrafía distinta. Le da un  lugar, le asigna un destino. De nada sirve armarse del saber ajeno para acallar aleteos que se desconocen del todo; o espolear la curiosidad para mudar de cielo cuanto antes.
Penzo dejó de soñar cuando en sus venas quedaba todavía verano.




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