"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


30 jun. 2013

54. Periodo intermediario


[de  internet]

Recuerdo haber pasado mis dedos sobre jeroglíficos de piedra, ansiaba descifrar en el acto el revés de los acertijos. Como cuando un beso impreso en otro anhela saber toda la verdad. Pero en el libro de los sueños se dice que si un vagabundo pregunta por ti, entre siglos de historia y arena, debes ser áspid sinuoso y crear caravanas y firmamentos, donde poder morar sin tropiezos. Será por eso que recuerdo los rayos dorados de Ra, dentro del templo, cuando la eternidad jugaba conmigo y el destino.
Conservo todavía el desierto, el círculo incendiado sobre la colina, la brisa del río. Y la belleza, de fino brocado, en el paladar de mis sentidos.


25 jun. 2013

53. En el aire espeso





Beatrice va a todas partes con su avión de papel. En las tardes que pasamos todos juntos, los otros niños intentan echarlo a volar. Incluso el abuelo quiso convencerla para ello, le dijo que el mejor sitio para un avión era allá, entre las nubes. Pero Beatrice ladeó la cabeza e, imaginando su alada silueta ante el sol, se marchó de junto a su lado con una sonrisa traviesa. Pondría a buen recaudo su avión, supongo.

Hace un rato, la casa dormita la justa siesta de agosto, me ha preguntado cuáles deben ser sus colores. La voz de Beatrice suena tan dulce, que si la oyeras acertarías a imaginar un ángel. Y para que sus alas me cobijaran en su hermosura le he hablado del emblema de tu ejército. La nostalgia del recuerdo ha nublado sus pupilas, no es la única que parece darse cuenta de tu ausencia; y, embobada por la pasión de mis explicaciones, ha descubierto un corazón.
La familia piensa que Beatrice ha enmudecido, sólo yo sé que habla para saber de ti.




La condecoración ha envejecido, nadie diría si los tonos que la hicieron brillar en los desfiles son los mismos que todavía conserva. El avión no está en la caja pero sí un mechón trenzado de vivo calabaza, como la correa que ciñe con fuerza las palabras de otro tiempo.
Penzo lo conservó, en el caparazón de su reloj.






20 jun. 2013

52. Instante deseo



[de  internet]

El deseo me tiene presa de tu idea. Soy una mujer inundada por el milagro de tus palabras y, frente a ti, escucho el tiempo de hablar. Delicia sensual que perfila mis trazos únicamente para que tus manos acaben mirando mi tacto.
Tus manos en el deseo.

Mi cuerpo impresiona el espejismo, se hace eterno en el instante que roza tus pupilas.
Te regalo imagen fija de la piel que no olvida tus infinitos giros sobre ella, esa tarde en la playa, cuando la sal escocía más de la cuenta y, cogiendo tu rostro entre mis manos, besé el centro del universo.
Cuerpo maldito este pues pasea el lento fluir de tu veneno, magnético y lascivo. Los matices esbeltos que me hacen desearte inflaman a otros navegantes por aquello de poseer lo que no es de uno. Mas soy tu capricho y mi deseo es seguir siéndolo.


15 jun. 2013

51. Cuatro movimientos



 La luna ciega los caminos,
se niega obstinada a salir a escena.
Mientras, cuatro luceros,
clavados con alfileres al firmamento,
tintinean cual cascabeles sordos al compás de un nocturno en fa menor.
Las sombras se apoderan, pegajosas,
del instante en el que un beso robado al carmín descolorido del maniquí
te descubre los amores furtivos entre el apuntador y la cigarrera.

[de  internet]

La luna, transmutada en gajo de mandarina,
que desaparece engullida por el hambre atroz de la noche.
Sólo dos estrellas
permanecen velando el escenario taciturno de la obra,
aburridas y grises,
como si su fulgor, de polvo estelar conformado,
se hubiera diluido en las vueltas concéntricas de la ley de la gravedad.
Aún quedan restos de purpurina en la cola de ese cometa.
 

[de  internet]

La luna mediada
se atreve a seguir a los que de negro van.
Mira de ser discreta para no molestar
y siente una felicidad infinita
al sentir el lujo de sus risas alejándose por el fondo.
El cielo, escondido tras las nubes,
sigue tranquilo pues la guía que los hombres esperan
se despereza de su letargo mensual.
 

[de  internet]

Luna llena,
tendida de espaldas al sol,
para melancólico entretenimiento de unos pocos.
Valles abiertos a las cañadas,
donde claros y sombras colorean tu cara.
Parece mentira que sólo funciones como un vulgar espejo,
reflejando la luz fulgurante de otro.
Los niños aún no saben del timo,
y los enamorados tampoco.
Aquellos que te rezan cada noche saben que siempre estás ahí,
pendida de un hilo,
a merced de un viejo tramoyista.


8 jun. 2013

50. A un espacio del margen


[Les amoureux de Paris, au café de Flore, de Leon Herschtritt]

Sabes, no me importa que fugues tus ojos tras el aroma que trajina el camarero. Ni que esa ventana abierta al mundo te aleje a oleadas de mi vera. Soy la mecenas, la que consume a gusto sus minutos de arena en este reloj compartido contigo, observando el devenir de tu lápiz, de tus labios cuando susurran al café de turno “quema, vamos, no te cortes”.
En este lugar del centro viviría para siempre, te lo he dicho alguna vez. Sólo necesito coincidir en los fragmentos que escribes, defender mi puesto a capa y espada, blandiendo palabras rimbombantes o apenas endulzadas en los restos de algún sobrecillo acabado. Y en los reflejos que dibuja la lluvia tras los cristales, inventar largos puntos suspensivos donde tu genio y mi cobardía se atrevan a vivir de verdad.
Si quieres ver más guiones los llevo en el bolso…


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