"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


12 jul. 2013

56. A salvo


[de  internet]

Suena un adagio de Mahler.
Los mantras se repiten en el vuelo de las cuerdas.
Cierro los ojos, encaro el cielo y aspiro.
Quisiera llenarme de azul y desintegrarme en la armonía.

Abro cajones, no sé qué contienen, aunque no puede haber otra cosa que baratijas, hojas perfumadas de libros muertos, marchitas rosas y algún recuerdo olvidado en la memoria.
Los dedos levantan el polvo de años. Unos años acumulados de golpe o uno a uno, según se piense.
Y en el vuelo combinado de flautas y cajas de madera aparecen infinidades, se giran para preguntar quién soy o qué busco a esta hora incierta. Y la chifladura de Mahler es mi propia chifladura, puesta al aire –corrompido- de un momento de debilidad.
Y se repiten las cuerdas y se aclara mi ofuscado dolor, el que oscurece mis cielorrasos.
Bálsamo de notas que obtiene su contrapunto en las palabras asaltadas por estos desvanes.

El adagio de la cuarta sinfonía es mi salvavidas. Me obliga a pararme, a pensar sólo en mí.
A veces tiendo a creer que Mahler inventaba sus adagios para sobrevivir también al infortunio de su propia responsabilidad.




6 jul. 2013

55. Pescadora de perlas


[de  internet]


anclada,
con los pies enraizados en las rocas de esta playa,
esperando tormentas y mareas

guardando en un suspiro
la brisa de su nombre,
el viento de su risa,
el mar de su mirada

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