"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


31 oct. 2013

65. Lugares de placer



[Takato Yamamoto]

Sueño y vigilia todo en uno, en el mismo plano temporal, sin cortes ni suspenses.
Imágenes enlazadas en un sinfín de posiciones, a cámara lenta a veces, adormeciendo el placer absoluto del deseo; y otras a toda velocidad, cuando los lobos, a dentelladas, se alimentan y gozan.
El desorden de los cuerpos es también el de este enzarzado bosque.
La mujer exhala su fragancia y vibra en el terror descontrolado de su cuerpo, víctima relamida en su propia muerte. Pero no tiene fin, lleva horas espoleando al macho que la monta. Para eso es, para acabar una a una con sus virtudes.


(diario del maestro Tokugawa)

21 oct. 2013

64. A pedazos


[de  internet]


En pleno sueño
vino un mecánico
polaco & me hizo
por mil táleros
una cabeza nueva
que funciona a la perfección



[Haiku de W.G. Sebald]


16 oct. 2013

63. Caminos escarpados de estrellas



Separa el grano de la paja. Y, para cuando lo tengas, ven a ver conmigo cómo las viñas tamizan de burdeos las nubes deshilachadas que circundan nuestro cielo. Cada otoño se parece y este, precipitado de frío y despojado todavía de lluvia, dará que hablar.
Recuerda el crepitar de mis ojos ante el fuego del ocaso y el violeta carmesí del final. Los sueños, puestos en la hoguera con el resto, impedirán que perezcas de tristeza.

[de Sidney Sime]

El oráculo calló entonces. Reconoció el desierto que habitaba el alma del orante y se hizo corteza en el árbol. Entonces arrojó una moneda de plata el que llegó en busca de consuelo y, ensillando el corcel de su fe, se volvió hacia el norte. Después de todo sabía que por aquella boca, ahora inerte, había hablado el que una vez le diera la vida. Y debía seguir adelante. Sólo.

6 oct. 2013

62. Entorno a ti


[Günter Rössler]

Me he despertado de golpe, sobresaltada.
Sentía un pálpito salvaje entre los muslos y tu recuerdo me lo incitaba todavía más.
Mis propias caricias han hecho que regresaras a mí.

Primero tu calor y el roce de tus manos sobre mi pelo. Luego tus labios en el cuello, en los hombros. Caen los tirantes del camisón empujados por tu aliento.
En esas que tu voz guía la imaginación, el viaje de una ristra de palabras acallando el temblor de mis pechos. Dos cuencos se posan sobre ellos, son tus manos, seductoras.
Y en el ahogo, invoco la vigilia pasada contigo.

Sellamos la conversación de nuestras miradas con una infinidad de besos. Cariñosos, cortos, húmedos, ay, ricos de verdad. Tu lengua y la mía bailando desleales, nuestros labios enrojecidos de pasión acumulada.
Yo te arrullaba la espalda, el pecho, pero sin atreverme a descubrir el puñal de tu vientre. En cambio, tú, explorador intrépido en mi geografía, descubrías todos mis secretos, erizando mis sentidos por completo.

Quizá fuera el calor bajo la colcha, o el tick tack de mi cabeza sonando desesperado a la hora acostumbrada en la semana, pero lo cierto es que me quedé a las puertas de gozarte otra vez.
Esta mañana, reviviendo nuestro sueño, con mis dedos jugando a ser tú, he descorchado mi sexo casi con rabia, apurando al máximo mi excitación.


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