"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


31 jul. 2014

93. Biarritz


[de  internet]

Terciada sobre la arena del Mediterráneo oigo el rumor de las olas.
Tus palabras, emborronadas con la resaca, se mezclan a los suspiros del viento y me llenan de sal matemática.

Atrás quedó el laberinto, pero el código secreto de mi cuerpo sigue ondeando su bandera.
Aviso para un único navegante. Aquel que pierde sus ojos antes de colarse en la ducha diaria de la rutina.

Perfil clásico, de curvas redondeadas.
Brazos amasados en otra brisa, en otro mar que no es ahora el mío.
Parecería que te he visto antes, ¿verdad?
O que bebí de tu piel el aroma de los dioses.

Pero no.
Sólo te he amado en el reflejo de una puerta giratoria, en el vértice de una raíz cuadrada.



26 jul. 2014

92. Rosae


[Rosa, rosae, by ge minúscula]

Soy la única del rosal. Durante mucho tiempo he creído que mi flor era hermosa, pero parece que nadie, salvo yo misma, sea consciente del daño que hacen mis espinas. Me contemplan extasiados, aprueban el color de mis pétalos olorosos y, algunos, pagarían por llevarme a casa. Ebrios en su locura, no ven más allá; están convencidos, porque así mi padre lo recita cuando le tiran de la lengua, que mi orgullosa estampa es pura pose. Sólo son un puñado de necios, que no me conocen, que ya no se acuerdan de ti.
Quisiera sumergirme en este aire caldo y enraizar perfumes. Así, cuando por fin regresaras, me reconocerías en la brisa de tus recuerdos. Porque volverás, el tiempo lo puede todo y también te traerá de vuelta, como ha hecho con alguno de tus antiguos camaradas. Papá dejó de ir a la isla; cuando nos avisan, acompaño al cementerio a las madres implorantes y desoladas. Mas una desgracia tal no está reservada a los héroes como tú. Quiero creer que el cielo te protege.




Carece de fecha; por el tono, pareciera más bien un fragmento de diario. Pero no hay nada parecido entre aquellas cartas. Tal vez se trate de un simple pétalo, brindado primero entre letras amadas y, más tarde, perdido con todas las de la ley en un escarceo del destino.
Penzo fue enterrado con honores en la sección militar.



14 jul. 2014

91. Sirenas II

[de Pilar Mena]



El mar, con sus matizaciones, con el buche lleno de tesoros anclados. Para que nadie los rebusque, para que nadie los eche en falta. Contra el marco azul del cielo –sobre todo ese azul-, la piel rosa de las casas, el caparazón arabesco de la iglesia, las tejas en verticalidad suicida.
Tengo donde mirar, donde extraviarme para no volver. Cuatro velas sitúan la línea recta al fondo, el añil y el celeste sólo se tocan. En el origen.
Hopper enmarca.
Unas cuerdas rasgan madera de barco, el marinero de secano extiende sus redes. Mar de guitarra, ondinas afinadas de palo santo.

8 jul. 2014

90. Impalpable


[Erwin Blumenfeld]

Realmente, se me antoja un juego difícil y peligroso volver a ser la querida de alguien. Perdí la virginidad, de inocencia conservo la justa. Y a pesar de lo dicho, ofrezco la misma apariencia de las que otorgan una hora de amor por nada más que una dote abigarrada de sueños incorruptos. ¡Con qué sutileza despaché al último!, como una princesa. Razón tienen los que, en su despecho, me asemejan a un cisne. De ahí mi mayestático porte, gimotean; pobre animal, conminado siempre a permanecer en el centro del lago para no ser ganso en la orilla chabacana del vulgo.
No deseo negar tal o cual cosa. Bajo la lluvia todo son resplandores y, mañana, la imitación que lleva mi nombre regresará a las calles, altiva y distante, con la única intención de vivir en paz.

10 jun. 2014

89. Résumé


[En pensant, de Man Ray]







Como aquel día de primavera que, al arder, se hace verano en la piel -en las manos-, dejando al otoño las miradas risueñas del deseo cumplido y, al invierno, el frío recio del adiós.

5 jun. 2014

88. Ella, tan amada


[Sally Mann]


Ella, tan amada,
tanto, que una lira se desbocó en lamentos
nunca oídos antes de labios de plañideras;
lamentos que conformaron un mundo
en el que todo volvía a estar presente: bosque y valle
y camino y pueblo, campo y río y animal;
y que en torno a este mundo-lamento, igual
que entorno a la otra tierra, iba un sol
y un silencioso cielo estrellado,
un cielo-lamento con estrellas deformadas:
Ella, tan amada.



[poema de Rainer Maria Rilke]


15 may. 2014

87. Casi al final



M lee:

“Una persona sin memoria sería una persona sin relaciones; lo sitia el extrañamiento, y el estrépito que llega hasta sus oídos no contiene ninguna respuesta.”

Hace referencia a un personaje de Capek. Moribundo inconsciente al que un escritor le inventa una vida de tedio y embriaguez por tierras antillanas.
M no está moribunda, no ha perdido del todo la memoria ni tiene nada en común con los negros de antiguas colonias. Pero se siente irremediablemente próxima a la idea general que despliega Capek.

[de  internet]

M se siente sin memoria de su propia vida pues ha hecho mella en ella la vida sin esperanza de su madre. Semejante acomodación ha provocado también cierto aire de irrealidad en lo que sería el tránsito diario de M en este mundo. Haga lo que haga, se siente extrañamente sitiada por el deber de asistir a su madre, como si nada más fuera ya con ella ni se debiera tampoco a causa alguna. Sólo se siente útil entonces.

M corre paralela a su madre. Esperando el tiempo que le de vez en esta cosa rara que la aprisiona desde que la salud materna empeoró tanto.
El estrépito que surge del vacío la aturde y le impide pensar en lo que (sabe) ha perdido por el camino.

M no acierta a entrever su tabla de salvación. Aquella playa desierta que se imagina para poder descansar. No figura en los mapas.




(1) La cita es de El meteorito, de Karel Capek.


17 abr. 2014

86. Encapotados


[de  internet]

En las tormentas, enfurecidas voces recitan sus quejas, soltando bandadas de gotas que componen diccionarios desiertos de sentido.
En las tormentas, mi cuerpo encuentra sentido al amparo de otros. De un beso naciente, cientos de gotas versan palabras no dichas que elevan al cielo llovedizas conjuras.
Y allá en lo alto, entre nubes curvas, sintetiza el mar líquido de cualquier esperanza.

En las tormentas, otra vez, llueve mi agua.



12 abr. 2014

85. Let’s swing!


[de  internet]

Un par de marionetas bailan ebrias de felicidad. Se sacan de la manga pasos aprendidos en otra vida y se congratulan por su buen hacer sobre la pista.
Como si compartieran un único malabarista de hilos que, en una suerte de revelación, ha comprendido que ambos danzantes no son nada el uno sin el otro. Quizá por ello, este descarta otros ensayos y hace que los muñecos de paja se busquen por la pista, detrás siempre de un compás que los haga de nuevo bailar juntos.
Para ellos mismos.
Con el único propósito de desplegar la agitación repentina que han sentido al unir sus manos. Cuando el artista entre bambalinas los convirtió en adictos al ritmo.


24 mar. 2014

84. De lejanas tierras


[Bibi, l’ombre et le reflet, por Jacques-Henri Lartigue, 
-Hendaye, agosto de 1927-]



Para mí los aviones vienen siempre del mismo cielo, de aquel condensado en las arenas fértiles del desierto. Me siento en el espigón del mar y uno tras otro los observo sobrevolar el azul, siguiendo la misma trayectoria. Tendrán razón los que apuestan por la existencia de un raíl, invisible a esta distancia, que los espacia a voluntad y evita que se colapsen.

En uno de esos aviones regresamos nosotros, hastiados de sol, con una cuenta pendiente purgando el desglose de tan efímera felicidad.
En el plateado de su piel, sobre el fuselaje aponentado del pájaro, relucía el nombre del faraón mujer. Hatshepsut nos había acogido en su vientre, como fieles estrellas en un cielo de Nut, y nos regresaba sanos y salvos tras arribar a su cénit el disco solar de Ra. Y al posarnos de nuevo en este mundo, las divinidades de los antiguos dejaron de sernos propicias, toda vez que el sueño del amor había dejado su puesto a una pueril indiferencia.

A años luz de todo aquello, justo al final del verano, me siento sola a ver los aviones, anhelando que el rumor de las olas me desvele su futuro. El bochorno se hace de viento y los motores expulsan estelas de tiempo sin que el continente marino, voluptuoso espejismo inquietante, pueda reproducir el devenir con unas mínimas garantías.


11 mar. 2014

83. Perdidos



En la nostalgia del recuerdo todo se hace vívido. Regresamos una y otra vez a ese café, al negro de unos ojos pintados de felicidad, a la pasión desmedida de unos labios que no saben parar de querer. Y en la nostalgia apuntalamos el futuro, y más cuando el desengaño nos barrió de cada mapa y las tormentas embarrancaron ilusiones en bajíos de playas que se nos antojaron libres.
Así que, sin otra cosa que hacer, esperamos, sí, sentados a la mesa del mismo café que nos vio salir huyendo, con el equipaje terciado a un lado, mirando pasar sobre el reflejo opaco de la cristalera el deseo de un nuevo sol...

[de  internet]

La oigo recitar a diario la misma pena, especie de conjuro que, de tan sobado, ha perdido ya toda su magia. Se viste para tales ocasiones con sus mejores galas, adoptando en el tiempo recreado la mirada más trágica. Seguro que antaño no reparaba en estas idas y venidas por el borde del abismo que suponen los amores rotos. Quizá alguien sin entrañas y mucho orgullo le mencionara su edad marchita y la clepsidra, que la sueña por dentro, comenzara entonces su cuenta atrás particular. Lo desconozco.
Y aún a pesar de todo, también yo espero que, más tarde que pronto, se dé cuenta de mi regreso…


4 mar. 2014

82. La mojo con un verso…




La mojo con un verso,
y ella, húmeda de mí,
rencorosa, me da la espalda.
Le digo que prefiero las palabras,
entonces se burla de ellas con gestos obscenos.
La persigo por el cuarto
empujándola con una letra aguda y afilada,
ella se defiende con una cancioncilla mordaz.
Cuando damos el combate por finalizado,
tiene el cuerpo lleno de palabras
que sangran por el cuarto
y así, desnuda y herida,
con el cuerpo lleno de señales
le tomo una fotografía.
Un día seré una escultora famosa,
y ella posará para mí,
muerta de palabras,
llena de letras como despojos.





[poema de Cristina Peri Rossi]


25 feb. 2014

81. pastos de piel, viento de fuego




[Desert curves, de Ivan Slosar]

en el desierto rojizo las arenas se desparraman; el viento del sur, más húmedo, dispersa los granos dibujando a los amantes: a ella la reconoces por el gesto sinuoso de su piel; a él, por la pericia de su verbo


19 feb. 2014

80. Receso




[de Henry Clarke]

Nos lo contamos todo. Por escrito, de viva voz; calladamente, entre brumas de pensamientos. Las palabras, entonces, lo llenan todo. De razones, de miedo, de absurdidad, incluso de amor. Y saturados, nos inclinamos con el peso, partimos cargados. De los bolsillos se escapan a veces pedazos de cuentos, o se balbucean letanías durante el sueño. Pero todo se hace caligrafía. Incluso el silencio que ocupas en mirarme de reojo telegrafía mensajes. ¿Cómo escapar de tanta palabrería insana? No sigas adelante, cierra los ojos, ¡deja de leer!








12 feb. 2014

79. Por añadidura



[de  ge  minúscula]

Nos estaban esperando.
Salíamos mi ge y una servidora del letargo nocturno y allá mismo las vimos, hambrientas y con una determinación que jamás hubiera imaginado en unas letras desparejadas como aquellas.
Miré a ge por el rabillo del ojo, la tipografía de clases podía ser infranqueable; y aunque no pareció amedrentarse por el redondel de tinta que casi podía engullirla, la presencia de aquel tobogán en forma de zeta, resumió el encuentro a un tanteador olisqueo entre razas.

Me había imaginado este momento de no pocas formas, la verdad; pero al hacerse realidad, algo indeterminado se me resquebrajó. La evidencia de no volver a quedarnos solas, mi letra ganchuda y yo, ensució la emoción inicial, frustró nuestra sociedad limitada.

Al tirar de ge de nuevo, encabezando la marcha, o se pegó al final de mi nombre.

7 feb. 2014

78. Ficciones



[de  internet]
El tiempo se condensa en espirales infinitas. Se hace gris en segundos. Y tú lo aceptas con el gesto soberbio del que se cree poseerlo.
Mi cuerpo, en cambio, se tornea con la lluvia, con las sombras que componen las gotas al caer.
Parecemos dos planetas cansados y tan sólo nos dimos a conocer ayer.
El cielo raso del cuarto, con sus turbadoras lilas, aguarda tu pausa y mi cara al borde del placer.


31 ene. 2014

77. Bravura




[Horses, St. Mark’s Basilica, de Massimo Calcagno -2012-]

Mis hermanos parten mañana. Los destinaron al acuartelamiento de las afueras de Roma. ¿Te imaginas el disgusto de mi padre? Ni siquiera él puede hacer nada ya. Fabio está loco de contento, sólo piensa en encontrar una chica de ciudad para no tener que regresar a Venecia. En cambio, Davide, ya le conoces, no dijo nada al leer su traslado. Por un compañero supe que fue a matar su palidez de espíritu al campo de tiro. Y mientras tanto nuestra hermana parece haber relevado a padre en el gobierno de la casa; en su última carta nos pedía consejo para cuando llegue el tiempo de la vendimia, no cree que padre haya abandonado para entonces el estudio de los clásicos.
¡Cómo me gustaría volver a estar de nuevo los cuatro juntos! Mis hermanos, tú y yo, y salir en busca de aquellas muchachas descaradas de las noches de julio, cuando a todos nos hervía el verano en la sangre. Todavía recuerdo cuando te acercabas a ellas y les robabas un beso. Pero intuyo que ese tiempo acabó, entre estas brumas de cambio…



Su trazo es diferente aunque comparte cierta cadencia en las mayúsculas. Estaba doblada junto a otra carta formando una unidad. Como cuando las olas se pliegan unas a otras, en su mismo vaivén, y recrean los etéreos designios del viento, sublevando apenas la superficie.
Penzo siempre pecó de pura raza.





20 ene. 2014

76. En el corazón vive un prisionero


[Shinobazu Bentendo, Tokyo, de Hiroshi Watanabe -2005-]

Me exhortaron a permanecer con  los ojos cerrados, de lo contrario la sal escocería mi curiosidad. Pero no me contaron qué había más allá de la superficie marina, en toda la vasta inmensidad del mar azul. Tuve que descubrir  por mí mismo sus cortinas de luz, aquellas ondulantes acuarelas y el mojado remanso de agua sollozando en mis oídos. Y aunque nada tiene que envidiar ese despertar a mis otros hallazgos, la luna en los pinos garabatea briznas y sombras, y el pájaro carpintero talla el sonoro nombre de los helechos. Sobre la madera, aquel florido emblema descubierto en el cuello esbelto de Matsuda la primera noche que yacimos juntos. Es la certeza del ahora la que describe mi camino en pos del hogar, junto a la bahía secreta que guarda el apasionado oleaje de su alma.



(diario del maestro Tokugawa)


15 ene. 2014

75. De gairell


[Marion Cotillard]

Duu al coll el bes dels seus llavis, dues fines ondulacions que s’obren a la pell cada cop que acarona el record.
Tatuatge amagat sensualment al revers de la camisa de mil botons.
Diuen que potser la nit fou la millor inspiració per aquell rampell. Però ell només encerta a explicar el desig d’ella, aquell que la va empènyer a gravar-li l’alè per sempre.
I sent de nou com se li atansa, com el mira desafiant-li les ganes i com batega, tan suau, tan dolça, entre els seu braços.
I torna l’olor a espígol, el tacte dels seus cabells...

I la seva guspira encén novament el firmament.

..........

75. De perfil


Lleva en el cuello el beso de sus labios, dos finas ondulaciones que se entreabren en la piel cada vez que acaricia el recuerdo.
Tatuaje sensualmente escondido en el reverso de una camisa de mil botones.
Dicen que quizá fuera la noche la mejor inspiración para aquel arrebato. Aunque él sólo acierta a explicar el deseo de ella, aquel que la empujó a grabarle el aliento para siempre.
Y siente de nuevo cómo se le acerca, cómo le mira desafiando sus ganas y cómo late, tan suave, tan dulce, entre sus brazos.
Y regresa el olor a espliego, el tacto de sus cabellos…

Y su centella vuelve a encender el firmamento.



10 ene. 2014

74. Alumbrada ciudad



“Y al final la noche caía y llegaba el momento. Se encendía una ventana. A lo lejos, con su luz anaranjada, otra más resplandecía. Ventana tras ventana empezaban a brillar, pero aún faltaban muchas para estar todas encendidas. Seguramente, si algún hombre moderno con sus planes brillantes gobernara alguna vez aquel lugar, pulsaría algún interruptor que pudiera encenderlas todas a la vez. Pero aún seguía perteneciendo al hombre antiguo del que hablan las viejas canciones y a cuyo espíritu todavía son familiares las leyendas extraordinarias y las montañas misteriosas.
Una a una las ventanas empezaron a resplandecer desde los precipicios; en algunas parpadeaba una luz; otras seguían aún a oscuras. Los planos ordenados del hombre habían desaparecido, y nos hallábamos en medio de vastas alturas que iluminaban balizas indescifrables.
Había visto antes esa clase de ciudades, y había hablado de ellas en el Libro de las maravillas.
Allí, en Nueva York, un poeta fue recibido.”



[Fragmento final de Una ciudad maravillosa, de Lord Dunsany -1919-]


[La ciudad de New York de noche, ca. 1935]

5 ene. 2014

73. Cálido frío


[de  internet, descubierta en Midwinter Dream]

El padre de M hizo el servicio militar en Jaca. Fue allí donde aprendió a esquiar. O eso decía. Cuando vino aquí del pueblo trajo consigo la única foto de aquella época, en la que un muchacho, colocado de perfil, miraba muy serio al fondo parduzco del estudio fotográfico. La madre de M amplió el retrato y ahora acumula polvo y esquivas miradas junto al resto de cachivaches que atiborran de recuerdos el mueble del comedor.
Y aunque lo reconocen, en algunos momentos, tienen la sensación de estar frente a un desconocido, como si sólo se tratara de la imagen de muestra que decoraba el marco cuando lo compraron, permaneciendo allí desde entonces.

La última vez que nevó M le preguntó si también sabía patinar. Él se echó a reír, de buena gana; y a ella nunca le había parecido tan sincera su risa. Quizá por eso, en los meses sucesivos, trató de provocarle aquellos estallidos de felicidad, para divertirlo, para contagiarse con su alegría.

¿Pero sabías patinar o no, papa?
¿A quién pude importar eso ya?


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