"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


10 ene. 2014

74. Alumbrada ciudad



“Y al final la noche caía y llegaba el momento. Se encendía una ventana. A lo lejos, con su luz anaranjada, otra más resplandecía. Ventana tras ventana empezaban a brillar, pero aún faltaban muchas para estar todas encendidas. Seguramente, si algún hombre moderno con sus planes brillantes gobernara alguna vez aquel lugar, pulsaría algún interruptor que pudiera encenderlas todas a la vez. Pero aún seguía perteneciendo al hombre antiguo del que hablan las viejas canciones y a cuyo espíritu todavía son familiares las leyendas extraordinarias y las montañas misteriosas.
Una a una las ventanas empezaron a resplandecer desde los precipicios; en algunas parpadeaba una luz; otras seguían aún a oscuras. Los planos ordenados del hombre habían desaparecido, y nos hallábamos en medio de vastas alturas que iluminaban balizas indescifrables.
Había visto antes esa clase de ciudades, y había hablado de ellas en el Libro de las maravillas.
Allí, en Nueva York, un poeta fue recibido.”



[Fragmento final de Una ciudad maravillosa, de Lord Dunsany -1919-]


[La ciudad de New York de noche, ca. 1935]

4 comentarios:

  1. Dunsany siempre es una delicia. Te recomiendo que leas este fragmento que has seleccionado y acto seguido leas el relato corto “El Campo”. Y me cuenta si obró alguna magia en ti, ¿ok?

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    1. Magia no sé, pero es como atravesar un puente afiligranado para llegar a la maravilla del sueño. Me gusta especialmente cuando habla de las colinas, una vez huidos de la ciudad de Londres.

      "Cuando las colinas me llamaban iba a buscarlas pedaleando en una bicicleta, carretera adelante, porque en el tren perdemos el efecto de verlas acercarse poco a poco y no nos da tiempo para sentir que vamos despojándonos de Londres como de un viejo y pertinaz pecado. Ni se pasa tampoco por las aldehuelas del camino, que guardan alguno de los últimos rumores de la montaña; ni nos queda esa sensación de maravilla de verlas siempre allí, siempre las mismas, conforme nos acercamos a sus faldas mientras a lo lejos, distantes, sus santos rostros nos miran, acogedores. En el tren nos las encontramos de improviso, al doblar una curva; de repente, allá se presentan todas, todas sentadas bajo el sol."

      El campo, 1910

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    2. Con Lord Dunsany se suele tener esa sensación perpetua de estar penetrando en el sueño. Por algo es un baluarte de lo onírico. Esa parte del campo que has escogido también es de mis preferidas. El relato está lleno de momentos sublimes. Yo también escapé de la ciudad mientras leía. Lo vi claro, fue como atravesar un callejón perteneciente al bullicio de la ciudad y aparecer en el campo. En fin. Magia de teleportación en toda regla. :)

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    3. De todas formas, también me gusta "el campo" nocturno de una ciudad bulliciosa, con ese ejambre de luciérnagas revoloteando al unísono.
      (sigamos con la magia)

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