"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


17 abr. 2014

86. Encapotados


[de  internet]

En las tormentas, enfurecidas voces recitan sus quejas, soltando bandadas de gotas que componen diccionarios desiertos de sentido.
En las tormentas, mi cuerpo encuentra sentido al amparo de otros. De un beso naciente, cientos de gotas versan palabras no dichas que elevan al cielo llovedizas conjuras.
Y allá en lo alto, entre nubes curvas, sintetiza el mar líquido de cualquier esperanza.

En las tormentas, otra vez, llueve mi agua.



10 comentarios:

  1. Interpreto lluvia en tus ojos, tormenta que emboca pasión en señalada semana.
    Desde mi atalaya, brumoso y sombrío, me gustaría compartir, bajo la atenta mirada de una Laica, ese momento abrazándote.

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  2. Vuelvo a tu blog para admirar ese momento de intimidad, como un voyeur absorto bajo las bandadas de gotas...

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    1. Gracias Miguel, siempre me gustaron los voyeur, así que mira todo lo que quieras

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  3. Respuestas
    1. Así lo creo Jordi.
      Gracias por pasarte a leer.

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  4. Dentro de la lluvia , bajo ella, siempre hay unos labios que saben nombres y poemas.

    Esa "g" debería ser "mayúscula".

    Un saludo.

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    1. Jaime, me da que tú sabes de lluvias, besos y poemas...

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  5. Llueve otra vez, desde ese viento que no se sabe como dominar, avanzan las nubes en torno a su propia danza.
    Brota la vida empapada en consciencias mojadas, bajo rayos y truenos que nos esperan en un otro mañana.
    Los deseos ruedan, se deslizan por las ventanas, buscando recuerdos o su definitivo olvido.
    Y los ojos parpadean con el estruendo.
    Eres agua que mancha el verde de cualquier desierto.
    Verso y verbo, lluvia de esperanza.
    Eres...

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    1. Verde, de un color intenso, brillante. Así son mis ojos en estos días, por efecto de la pena y de las lágrimas que, obstinadas, se agolpan en torrente salino sin que pueda remediar su precipitación.
      Y este líquido es lo único que nutre mi desierto interno, aunque sea una contradicción atronadora. Pues las palabras que mi garganta recita se han secado, la voz no puede suplir la verborrea imparable de mi rostro sin vida.
      Las esmeraldas congestionan el dolor en una suerte de belleza natural, de otra manera no se entendería el influjo que despiertan en aquellos que cruzan su duelo con el mío.

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