"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


24 mar. 2014

84. De lejanas tierras


[Bibi, l’ombre et le reflet, por Jacques-Henri Lartigue, 
-Hendaye, agosto de 1927-]



Para mí los aviones vienen siempre del mismo cielo, de aquel condensado en las arenas fértiles del desierto. Me siento en el espigón del mar y uno tras otro los observo sobrevolar el azul, siguiendo la misma trayectoria. Tendrán razón los que apuestan por la existencia de un raíl, invisible a esta distancia, que los espacia a voluntad y evita que se colapsen.

En uno de esos aviones regresamos nosotros, hastiados de sol, con una cuenta pendiente purgando el desglose de tan efímera felicidad.
En el plateado de su piel, sobre el fuselaje aponentado del pájaro, relucía el nombre del faraón mujer. Hatshepsut nos había acogido en su vientre, como fieles estrellas en un cielo de Nut, y nos regresaba sanos y salvos tras arribar a su cénit el disco solar de Ra. Y al posarnos de nuevo en este mundo, las divinidades de los antiguos dejaron de sernos propicias, toda vez que el sueño del amor había dejado su puesto a una pueril indiferencia.

A años luz de todo aquello, justo al final del verano, me siento sola a ver los aviones, anhelando que el rumor de las olas me desvele su futuro. El bochorno se hace de viento y los motores expulsan estelas de tiempo sin que el continente marino, voluptuoso espejismo inquietante, pueda reproducir el devenir con unas mínimas garantías.


11 mar. 2014

83. Perdidos



En la nostalgia del recuerdo todo se hace vívido. Regresamos una y otra vez a ese café, al negro de unos ojos pintados de felicidad, a la pasión desmedida de unos labios que no saben parar de querer. Y en la nostalgia apuntalamos el futuro, y más cuando el desengaño nos barrió de cada mapa y las tormentas embarrancaron ilusiones en bajíos de playas que se nos antojaron libres.
Así que, sin otra cosa que hacer, esperamos, sí, sentados a la mesa del mismo café que nos vio salir huyendo, con el equipaje terciado a un lado, mirando pasar sobre el reflejo opaco de la cristalera el deseo de un nuevo sol...

[de  internet]

La oigo recitar a diario la misma pena, especie de conjuro que, de tan sobado, ha perdido ya toda su magia. Se viste para tales ocasiones con sus mejores galas, adoptando en el tiempo recreado la mirada más trágica. Seguro que antaño no reparaba en estas idas y venidas por el borde del abismo que suponen los amores rotos. Quizá alguien sin entrañas y mucho orgullo le mencionara su edad marchita y la clepsidra, que la sueña por dentro, comenzara entonces su cuenta atrás particular. Lo desconozco.
Y aún a pesar de todo, también yo espero que, más tarde que pronto, se dé cuenta de mi regreso…


4 mar. 2014

82. La mojo con un verso…




La mojo con un verso,
y ella, húmeda de mí,
rencorosa, me da la espalda.
Le digo que prefiero las palabras,
entonces se burla de ellas con gestos obscenos.
La persigo por el cuarto
empujándola con una letra aguda y afilada,
ella se defiende con una cancioncilla mordaz.
Cuando damos el combate por finalizado,
tiene el cuerpo lleno de palabras
que sangran por el cuarto
y así, desnuda y herida,
con el cuerpo lleno de señales
le tomo una fotografía.
Un día seré una escultora famosa,
y ella posará para mí,
muerta de palabras,
llena de letras como despojos.





[poema de Cristina Peri Rossi]


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