"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


29 dic. 2015

125. Ojalá nevara una semana entera


[de internet, descubierta en Midwinter Dream]

Debería dejar que inventaras la melodía de mis pasos sobre la nieve caída. Centenares de cuerdas seguirían tus evoluciones en la tormenta mientras los arpegios, cargados de razones, despejarían el maestoso y risueño bronce de mis ojos.

Ambos mirábamos por el gran ventanal. En pocas horas el jardín se veía cubierto de ese blanco reluciente que sólo proporcionan los cristales de hielo. Y poseída, sin duda, por  alguna cursi heroína te lancé tamaño galimatías, sin atragantarme ni perder un ápice de compostura mundana. Sacudiste la cabeza, y pude apreciar una sonrisa en el reflejo del vidrio laminado.

Componer es una cruzada, te oí declarar. Y por si me sacudía un berrinche, contrariada en mi estrambótico deseo, aún supiste añadir: Déjame disfrutar de este digno final a tu lado.




23 dic. 2015

124. Una de vigilias



Las noches de insomnio atraen a cientos de pájaros negros, rapaces que picotean entre las vísceras corrosivas de un cerebro enfermo y podrido de cefaleas inmundas. Los ruidos que me acucian desde el lecho improvisado de este sofá de mala muerte son sólo el batir de alas de tanto carroñero suelto. La llave girando en la cerradura de la puerta de al lado, los pasos termitas de ese vecino ojeroso que a veces me cruzo en el rellano, el acelerón asmático del primer autobús de la mañana. Todo igual a ventolera de monstruos alados, que va haciendo mella en mí…

[de  internet]

Y de regreso a la cuna que me vio dormir por vez primera, junto a un ovillo de pelo circunstancial, pienso en recuperarme, en haber vencido al mal. Lástima que un portazo acabe con mis sueños, los de color de rosa, aquellos dispuestos a hacerme sobrevivir una jornada más en esta lluvia incesante de grises. A la carrera, alcanzarán raudos y ligeros la calle, abandonándome, herida de susto.

Y leo, con los ojos llenos de alfileres. Escojo el libro de los asesinatos como el mío. De sus renglones se liberan almas en pena que salen a pastar también de mi carroña cerebral, a darse de codazos con los pájaros. Y bajo periscopio, oigo el hervidero que acontece en mi cimera, y no paro de alimentarlo bajo la escueta manta de cuadros.


16 dic. 2015

123. No ha lugar


[de  internet]

M ha perdido el arte de conversar. Lo hacía a diario con su madre, y desde que ella no está, las paredes se vaciaron de sonidos. Ha modelado el recuerdo de tal forma que lo utiliza de flagelo para venirse abajo. Y lo cierto es que se ahoga entre sus propios pensamientos y aforismos. Le rebosan y ni hablando sola consigue calmar la desazón de tanto discurso gangrenado por dentro. Porque, en el fondo, debe ser que no le sirve nadie más que no sea su madre, la feliz oyente de todas las tontería cotidianas que M recitaba a la hora de la cena. Sin ella, el silencio es todo y parte, contenido y continente. Será por eso que en los últimos tiempos no hace otra cosa que convocarla, avivando insanamente el deseo de recuperarla de entre los rescoldos del pasado. 
Lecturas así: “La muerte da coraje, construye y mima aquello que después se ha de llevar.” (*), tienen el don de hacer sangrar a M, tan próximas se hayan de su experiencia durante los últimos días de aquella madre, idolatrada.
Dejaron de contarse cosas entonces. No era el tiempo.



*Frase original: “La mort encoratja, construeix i mima allò que després s’ha d’emportar.”, del libro Quatre dies de gener, de Jordi Sierra i Fabra.

3 dic. 2015

122. En esta hora



Infinita la línea de tiempo por donde transcurrió el día y se escurre el mar.
Infinita la mancha dorada del crepúsculo, entre todo el azul del que es capaz el mundo.
Infinita la ensoñación de un recuerdo, varado frente a mí, en esta  imperturbable y finísima línea de flotación.


[de Stanko Abadzic]

24 nov. 2015

121. Te digo


[de  internet]



Nunca robas. Sabes que puedes venir a mí y rebuscar el verbo que llene tu horma de entre los párrafos que libo a los cuatro vientos. Si no lo hicieras, se extinguiría su voz y las mareas secarían entre nosotros. Porque conjugo a tu sombra, al amparo de terribles olvidos.

12 nov. 2015

120. Estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien


[de Jordan Tiberio]

La felicidad se tambalea
sin estrépito
sin perder la cara
sin que parezca que va con ella.

Los afectos se endurecen tras los cristales
queriendo también mantener el tipo ante las inclemencias.
Mas nada parece como antes y, sin embargo, todo sigue su curso.
Brío y risas perdieron pie, soledad y desconsuelo tomaron carrerilla.
¡Qué fácilmente se quiebra un sueño!
Basta con hacerse preguntas y ver que no siempre aparece nuestra primera opción en un haz de respuestas.


La felicidad, inmensamente instalada,
se conmociona ante el dolor que surge de noche y resuelve mirar hacia el remoto porvenir
indiferente, mayestática, cruel
a sus fieles criaturas, desamparadas y solas.
Los arrestos les llegan, o no, contando con el tiempo,
para salir a flote del desengaño
para tropezar las veces que haga falta con la misma piedra
para embriagarse con fervor si cabe.


La felicidad siempre se haya a espuertas
ondeando bandera....

El miedo a perderla me la extravió.




5 nov. 2015

119. Inclemencias




[Neve a Venezia, de Rosso Bruno -1951-]

Los poetas me recitan por dentro. Atesoro sus idas y venidas como perlas de una antigua joya de familia. Acarreo con las rimas que me asolan bajo este frío. Sin parientes, sin la excusa de tus vuelos acrobáticos, mi padre y yo confinamos viejos recuerdos en frascos de nombre incierto. Salute, pena, dimenticanza. Y condimentamos el silencio a costa de permanecer en esta casa de sombras perpetuas. Los poetas no te pueden, es cierto, sus libros tampoco. Por eso creo que me vuelven loca ex profeso, instalados obstinadamente en el error de tanto verso sin lengua.... El agua nieve se ha llevado los colores y los trinos de nuestras risas contagiosas. Sólo una ciega negrura se espesa tras los cristales. Mientras, los poetas siguen igual, afanados por devolvernos lo que jamás debimos empeñarnos en amar. Mi padre se durmió ya. Aguardan las huellas de mi paseo…


Entre los pliegos de cartas algunos poemas caídos del frasco de la memoria.  Intrusos que perfuman la caja de latón con escenas que nunca fueron pero que, puestos a renglón seguido de miles de sueños imposibles, describen en perfecta caligrafía la secuencia estratigráfica de una estirpe.
Penzo saboreó los laureles de una gloria incierta.




13 oct. 2015

118. +++++++++



[+++++++++, de Chapiniki]

En la Siberia de algún recuerdo permanecen, incorruptibles, infinidad de cruces de cuatro brazos. Puntos cardinales dibujados con los dedos, sobre una harina de escarcha; horneados en el fuego de alguna pasión indescifrable y que configuran el manto para una tierra futura.

Y sin venir a cuento, o quizá sí, tan aleatorio parece el devenir de mis yemas sobre tu piel, grabo dichos trazos irregularmente al deshacerme en ti, al ritmo mecánico de tu corazón.

Tu más. Siempre más. Por esa sensacional sensación de haberte esperado toda esta vida.


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