"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


27 abr. 2015

109. Punto de fuga


[Yul Brynner, fotografiado por Jack Garofalo -1957-]

¿Y qué hay de los alter egos que llegan al mundo cuando tú te haces reflexión de luz sobre el espejo? ¿No te parece una injusticia parirlos para acabar con ellos en un santiamén, sin más escozor que una breve pataleta en el multiverso cuántico que los contiene?

Cada par de ojos en el filo de su propia navaja. La suntuosidad de aquellos labios triplicando en mí el deseo por recobrar su sabor, uno a uno y por separado. Y mis insistentes interjecciones modificándose al son del único intérprete que planta cara al espejo. Palabras y actos condenados a nacer, crecer, menguar, cambiar, resistir o morir.

Lo único que pertenece a este lado es la voz que sale de tu garganta y que las otras representaciones observan tras una muda mímica sin tacha. Así llego a cerciorarme de que la conciencia inconsciente que te maneja habla para ella, pero también para las vacías cuencas que tengo delante y que no alcanzo a tratar con la profundidad que merecerían.



22 abr. 2015

108. Has visto lo intenso del azul


[Night Tulip, Central Park, New York, de Hiroshi Watanabe -2000-]


Inventé un paraíso de tulipanes rosas y cielo azul, entre el verde de mi azotea…

… para esperarte, echada en la tierra, con mi vestidito de flores amarillas y el pelo ensortijado de guirnaldas mariposas…

… para musitarte versos nevados de invierno, cazados a rastrillo en las mansas horas sin luna…

… para oírte llegar, a pasos agigantados, entre el rumor de las hojas, apuntando yo al cielo y tú al rocío de unos ojos compartidos…


Y en el sueño de tu llegada, imagino la primavera, acalorada en las salvajes tulipas que la brisa radiante del viento acaricia…

                                  
… primavera monocorde, mecida a dúo entre piano y clarinete.





17 abr. 2015

107. Ley singular


[de  internet]






conozco la noche sin luna,
y esa isla tuya lamida de sueños,

sólo me hace falta encontrar su arena
y abandonarme ante ti

12 abr. 2015

106. Veraz, eso espero


[de  internet]

No hay nada que se le parezca tanto y que, a la vez, difiera tanto del modelo original. Carboncillos y dedos trasiegan líneas, curvas, pliegues y bucles. Mas nada parece rematar como se merece a esta efigie, ni siquiera las monedas que, girando sobre la tarima, lanzan fugaces esquirlas de oro sobre su túnica de piel.
Cada cincel en prácticas debiera, entonces, recurrir a los acomodaticios moldes, a toda la resabida saga de plagios maestros. Pero tal cosa quizá hiciera que aquellos insanos espíritus, abocados a un presente incomprensible, se encarnizaran con nuestra musa de hoy. Y la mañana de dibujo artístico se quedaría vacía de inspiración.
Tal vez, de entre todos los que no apartan sus ojos del lienzo, aparezca el genio y toda esa interpelación de trazos más o menos trémulos quede en una mera suposición.


7 abr. 2015

105. Hanzi


[Hanzi, de Enrique Chapín]





De todas las palabras que dejó escritas
ninguna fue más prolífica que aquella que,
derramándose sobre el punto cardinal subyacente,
dibujó el artesano universo
de su mano enredando la de ella.

El marco delimitó el espacio,
el infinito segundo en el que fueron libres.

2 abr. 2015

104. Irremediablemente




[Beauty from a theft, de Fabio Thian]

Será porque papá escribe puntadas, del derecho y del revés, será por eso que la música ha de ser de misa, para no liarse con los versos cantados y los todavía no bautizados bajo el agua. Y aunque nada podría decir de poesía, su cabeza edita un carrusel de imágenes disparatadas al son del pasado en el que vive día y noche. Yo creo que intenta descifrar las consignas que escucha de los vivos, como si se trataran de una brisa pasajera. Y, en eso, se parece un tanto a mí, pues cada noticia que recibimos de mis hermanos o, muy de vez en cuando, de ti se me antojan antiguas pisadas en un camino borrado por el polvo que arrastra el olvido. Aún así, lo acompaño a ver a los santos: su único trabajo ahora es pedir por todos sus hijos.



En el sobre, la marca del correo devuelto enturbia el nombre del destinatario. Y aunque no era la única carta sin abrir, sí parece la más intrascendente. ¡Como si prescindir de alguna de ellas fuera tan fácil! Mas todas las palabras suman, una a una se descuelgan a cada latido de emoción.
Penzo, sin embargo, no esperó a tenerlas todas para volar lejos.



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