"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


22 may. 2015

113. Cara bambina


[Ladies in black, de Fabio Thian]

Todos andan asustados con Beatrice. Yo sólo un poco pero no por lo que supone la mayoría. Mi padre y el resto la creen víctima de un rapto voluntario; sin ir más lejos, oí la palabra maldita, la palabra loca, de labios de su madrina. Porque se sienten incómodos en su presencia. Vislumbran como yo la luz secreta de la sabiduría al fondo de sus quietos ojos, que a veces se asemejan más a dos pozos, de cuya negrura emergen los efluvios putrefactos de no se sabe qué certeza.
A mí sus ojos siempre me han parecido presagio de vida, a pesar de haber ido perdiendo las palabras que de niña fue aprendiendo. Mi teoría es que no sabe expresar lo que ve, lo que logra discernir, siempre al acecho de nuestros actos. Como aquella vez que nos encontró a ti y a mí, reñidos sin estarlo, a los pies de Santa Camilla. Supo de los contratiempos, de la amargura de un adiós no pronunciado, y también de mi rotunda decisión ante tu mirada repleta de cielo. Beatrice me dio la mano y selló una promesa. Por eso te quiere a ti, por eso la quiero yo a ella.



Nos pasamos las horas mirándolo todo pero ¿realmente vemos algo? Y al leer:  ¿entendemos lo escrito? ¿Son los ojos unos farsantes, o nuestra propia fantasía la única culpable? Hace días que despliega estas cartas y todavía no acierta a comprender cómo una historia así pudo sobrevivir a las batallas que el tiempo confabuló en su contra.
Penzo, pese al uniforme, fue derrotado como el resto.



15 may. 2015

112. Más allá de unos nombres



Desde que nos vimos, sabemos reconocer nuestras orillas, los meandros de mar que circundan los islotes que delimitan nuestros confines.
Desde que nos vimos, se ha ceñido a mí tu nombre. Y en el desorden inconfundible de cinco letras intuyo de nuevo un futuro.
La mayúscula de la eRRe, en su valuarte, otea los vientos, mientras el resto de figurantes compaginan insumisos, carentes de tiempo pero sobrados de ilusión por algo que robó sus vidas y ahora no desean recuperar. Ebrios de felicidad al encontrarse, y al leer que navegan juntos por el mismo mar angosto.
As y emes ilustrando lunas, ges erráticas domesticando reinos astrales y vocales redondas enlazadas a enes para evocar cementerios de recuerdos.

"Necesito tu llave de mañana, luz final de mi túnel, ese aroma a sal roja."




[de  internet]


 Para Ramón, y su Yo, desordenado.

10 may. 2015

111. Sangre estancada


[Untitled, de Hisano Hisashi -1939-]

Llegué por la mañana. La niebla del Pacífico diluía las formas del barrio de pescadores y lo engullía entre el oleaje cobarde de la bahía. La casa de los antepasados de Matsuda flotaba en aquella viscosidad fantasmal. Como el recuerdo de ella misma por entre las estancias, el que la vio convertirse en flor estival. Yo las recorría, una y otra vez, obsesionado y atento siempre a descubrir el rumor de sus ropajes tras de mí, aún a sabiendas de que me encontraba solo, pues comenzaba a sentir justo debajo del corazón la angustia de algo esperado y perdido. Al reparar en la forma del coqueto abrigo, ahora sin su peso, presentí una melancolía patética en mi rostro y me asusté. Horas más tarde, después de gozar el cuerpo precioso de Matsuda, todavía podía sentir el dolor en el tacto y en toda la piel.




(diario del maestro Tokugawa)


2 may. 2015

110. Calendas



Recito en voz baja mientras mis letras se rebozan en arena, revolcando su taquigrafía entre los desechos que otros náufragos han ido dejando en esta playa. De siempre he sabido parlamentar ante las olas enardecidas de un día que amenaza tormenta. Lo hacía con mi nombre ondeando intacto y lo hago aún hoy que sólo la ge y la o terquean en ahondar mis huellas.
Ninguna de sus otras congéneres a la vista, por cierto. Desde el último avistamiento han pasado semanas de todo, y de casi nada. Y en ellas, lo que mejor me salía era contarles pétalos para amueblar sus cuitas. Pero ni toda la poesía leída por ahí basta para templar el ansía de nuevas letras.
Si aquella metrópolis que aguarda tras la cortina del aguacero contuviera lo que me falta, dejaría por fin de velar los sumideros. ¡Y ahora niñas, vayámonos ya! Tengo los ojos cansados de tanta agua…




En el reflejo de mi escafandra he visto pegarse a nosotras una uVe sujeta a dos columnas. Me gusta su mayúscula estampa, hace justicia al mes en el que entramos, al navegante que pierde los siglos oteando el

[de  ge  minúscula]
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