"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


28 jun. 2015

116. Tensar las alas


[de  internet]

“Personas que parecen satisfechas consigo mismas…
Durante un torneo de arco uno de los arqueros tose.
El hombre que está apunto de disparar se desconcierta
con el sonido y se pone nervioso; pero logra controlarse
y la flecha parte con un fuerte ruido y se clava en el blanco.
¡Qué satisfecho queda consigo mismo!”



[Fragmento de El libro de la almohada de Sei Shonagon,
dama de la corte de la emperatriz Sadako -Japón, siglo X-]


7 jun. 2015

115. Varar(se)


[de Andy Prokh]

Hay veces en que sentimos plenamente el fin de las cosas. Algo en nuestro estómago o en la cabeza da el carpetazo final y caemos en la cuenta de haber cerrado para siempre un tiempo finito de nuestras vidas. Eso es lo que mis entrañas sienten ahora que, por lo visto, se detuvo mi pesada carga, a orillas de este mar en foto fija. Dejé de sentir el crujir de tanta vértebra contorsionada. Y las rodadas de la piedra afilando el trayecto de los días. Soy sirena caída del cielo, al acecho todavía de algún que otro temblor. Me gustaría levantarme y perder la vista en una espera sin fondo, prendida en el puro fluir de la belleza. Para descansar de tanta rotación involuntaria. Porque sé que, quizá, llegue un navío a la ribera.



1 jun. 2015

114. Aquel don para la vida



Cuando sobre la esperanza de M se cernía la muerte, la única salida era soñar. Y huir, correr, escapar del presente. Y entregada al delirio de esa creencia, tomarse un tiempo para abrir los pulmones y oxigenar el latido migrañoso que la hacía resistir sin más.
Con el deceso de la madre, el devenir exigía cambios estructurales. Sólo cabía esperar a ver descabezarse el ovillo de su cuerpo, pues la aridez del camino haría su parte. El fluir se impuso lento entonces.


[de Sebastien Zanella]


Mudado el paisaje, ahora M vislumbra la frontera. No sabría precisar si a cuatro días o tal vez a varios meses, pero está ahí y con eso le basta. Asume que los recuerdos le harán la zancadilla, que las viejas heridas volverán a supurar. Pero ya no hay vuelta atrás. Anidó en ella el deseo de llegar al otro lado.





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