"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


24 nov. 2015

121. Te digo


[de  internet]



Nunca robas. Sabes que puedes venir a mí y rebuscar el verbo que llene tu horma de entre los párrafos que libo a los cuatro vientos. Si no lo hicieras, se extinguiría su voz y las mareas secarían entre nosotros. Porque conjugo a tu sombra, al amparo de terribles olvidos.

12 nov. 2015

120. Estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien


[de Jordan Tiberio]

La felicidad se tambalea
sin estrépito
sin perder la cara
sin que parezca que va con ella.

Los afectos se endurecen tras los cristales
queriendo también mantener el tipo ante las inclemencias.
Mas nada parece como antes y, sin embargo, todo sigue su curso.
Brío y risas perdieron pie, soledad y desconsuelo tomaron carrerilla.
¡Qué fácilmente se quiebra un sueño!
Basta con hacerse preguntas y ver que no siempre aparece nuestra primera opción en un haz de respuestas.


La felicidad, inmensamente instalada,
se conmociona ante el dolor que surge de noche y resuelve mirar hacia el remoto porvenir
indiferente, mayestática, cruel
a sus fieles criaturas, desamparadas y solas.
Los arrestos les llegan, o no, contando con el tiempo,
para salir a flote del desengaño
para tropezar las veces que haga falta con la misma piedra
para embriagarse con fervor si cabe.


La felicidad siempre se haya a espuertas
ondeando bandera....

El miedo a perderla me la extravió.




5 nov. 2015

119. Inclemencias




[Neve a Venezia, de Rosso Bruno -1951-]

Los poetas me recitan por dentro. Atesoro sus idas y venidas como perlas de una antigua joya de familia. Acarreo con las rimas que me asolan bajo este frío. Sin parientes, sin la excusa de tus vuelos acrobáticos, mi padre y yo confinamos viejos recuerdos en frascos de nombre incierto. Salute, pena, dimenticanza. Y condimentamos el silencio a costa de permanecer en esta casa de sombras perpetuas. Los poetas no te pueden, es cierto, sus libros tampoco. Por eso creo que me vuelven loca ex profeso, instalados obstinadamente en el error de tanto verso sin lengua.... El agua nieve se ha llevado los colores y los trinos de nuestras risas contagiosas. Sólo una ciega negrura se espesa tras los cristales. Mientras, los poetas siguen igual, afanados por devolvernos lo que jamás debimos empeñarnos en amar. Mi padre se durmió ya. Aguardan las huellas de mi paseo…


Entre los pliegos de cartas algunos poemas caídos del frasco de la memoria.  Intrusos que perfuman la caja de latón con escenas que nunca fueron pero que, puestos a renglón seguido de miles de sueños imposibles, describen en perfecta caligrafía la secuencia estratigráfica de una estirpe.
Penzo saboreó los laureles de una gloria incierta.




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