"De vez en cuando te daré una leve historia, un aria melódica y cantabile para romper este cuarteto de cuerda mío, una parte figurativa para abrir un claro en mi selva nutricia." . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [Agua viva, de Clarice Lispector]


27 ene. 2016

130. Duets




[Grace Kelly y Cary Grant, -ca 1955-]

A veces, en el rumor que tus cartas despliegan al desdoblarse, mi imaginación vuela más allá de los recuerdos y los ojos se contentan con flores inventadas aún a sabiendas de todo aquello que seguro tu puño y letra pergeñaron para mí en alardes de rimas con luna.

Y cuando, a veces, como hoy, enfrento tus palabras, porque antes prefiero pasar sin leerte que finiquitar en apenas unos renglones la poesía que me remites a diario, …. cuando, como digo, te escucho en el corazón, despliego las alas, sacudo polvos de rocío y tiemblo ante la serena voz que te escucho.

A pesar de tus pasos cortos, de esos signos de puntuación también limitados, habita un poeta en cada sentimiento que cambias por letras. Si tuviera que encontrar retazos de papel en mis bolsillos, quisiera que fuera tu pluma la que dibujara destinos en ellos, cosa mía sería reprender el rumbo y llegarte de una pieza.

Sólo a veces no estás aquí, para las otras ocasiones hay más que sobradas de tejer mil abrazos en estaciones de autobús allá por el estío que tú y yo siempre recreamos. Maravilloso mundo el nuestro.

22 ene. 2016

129. L’hiver


[de  internet]

III
La nieve es la gran ordenadora.
Inmensos parques desiertos donde se extienden palacios de cristal
y árboles irreales;
las estatuas se recortan en el hielo
como sobrevivientes de una gran catástrofe.

IV
Pero un día te vas.
Los lentos palacios se deshielan,
los vidrios se vuelven transparentes;
yo resbalo entonces por las habitaciones
como quien no sabe caminar entre la nieve derretida.



[fragmento de “Los grandes ciclos”, del poemario Europa después de la lluvia,
de Cristina Peri Rossi]


16 ene. 2016

128. Sin pestañear


[Martine's Legs, de Henri Cartier-Bresson -1967-]

Me estoy aficionando a leer todo aquello que no me conviene. Soy consciente de mi error cuando ya es demasiado tarde y una guerra perdida dejar de leer. Cuando advierto que todos hablan de mí. No ponen mi nombre, claro que no. A veces soy María y otras Juliette. Incluso en ciertas ocasiones, aparecen mis conocidos más allegados bajo apelativos tan poco definitorios como Lucas, Sánchez o lady Smithford. Sin embargo, los reconozco igual. Conservan atuendos, maletas o cartas que tienen que ver con mi pasado y también con el de ellos. Y al descubrirnos todos juntos por obra y gracia del literato de turno me pienso que alcancé mi mayor sueño. A saber: verme protagonista, al fin, de una historia de las de verdad.



10 ene. 2016

127. I believe




[I believe in miracles, de Andy Prokh]


¿Dónde estás?
Me interrogan insistentemente todos aquellos que me quisieron una vez. Les gustaría recobrar lo que fue suyo durante el pretérito imperfecto y que ya sólo pertenece a un presente de indicativo conjugado, a un tiempo, entre la primera persona del singular y la del plural.

¿Dónde estoy?
Yo no les digo nada de estas palabras dislocadas que anoto por columnas, de abajo a arriba y de derecha a izquierda, por aquello de no traicionar mi propia caligrafía, con la esperanza puesta en el recuerdo de unos ojos cósmicos, entre sacudidas de lava solar y noches azules. Con las ganas de rebosar de caricias y de apretones de huesos bajo la piel nueva del amor.


4 ene. 2016

126. Torbellino


[Masao Yamamoto]

El papel de las cosas aletea su recuerdo más allá de las horas que vivimos ausentes. Entre impulsos, retoman su veraz existencia y el desencanto que avivan en mí silenciosamente se hace cadencia de olvido.

El fugaz momento de una partitura, la banal precariedad de mi encuentro con Matsuda, su éxtasis finito, el deseo reconvenido, y las náuseas ante lo incomprensible que me resulta empaparme en su sangre. Quisiera desprenderme de su voraz insatisfacción pero entonces dejaría por completo de quererla. Lejos del mundo, desarraigados al fin, únicamente así puedo colonizarla, imponerme por la fuerza a sus sentidos, y cubrirla, llegando la mansedumbre de la carne a su cénit.

Paseando por una vereda sin arces, después de naufragar en su olor, despunta otra vez el fuego entre mis dedos.



(diario del maestro Tokugawa)



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